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El SantuarioGuided by a Quantic compass |
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ParadoxUn paso. Otro más. Y una vez más. Y así continuamente. ¿Cuanto tiempo llevaba caminando? No habría podido decirlo. Tan sólo estaba seguro de llevar caminando desde que podía recordar. Y todo el tiempo desde entonces, sin parar nunca. Siempre avanzando. Siempre observando. Siempre aprendiendo. Caminaba sin rumbo fijo, pero sabía adonde iba. En cada paso decidía hacia donde se dirigía el siguiente. Siempre persiguiendo ese horizonte, guiandose por su instinto y por la cuantica. A veces camino sólo, a veces acompañado. Incluso, en algunas terribles ocasiones, ambas cosas al mismo tiempo; Incluso, en algunas maravillosas ocasiones, ambas cosas al mismo tiempo. Pero siempre adelante. Siempre caminando, de un modo o de otro, hacia ese lugar nolugar, que sabe que acabará encontrando. Pues ya es real, aunque no existe. Porque lo hará realidad cuando sea el momento, y en ese momento sabrá que siempre fue. Pero la cadencia de sus pasos no debe cambiar. Debe andar siempre con el mismo ritmo, sin variar el tiempo entre paso y paso, sin tener demasiado tiempo el pie en el suelo, pero tampoco en el aire. Su propia naturaleza, paciente, le impide dejar de avanzar y esperar. Su propia naturaleza, impetuosa, le impide darse demasiada prisa y acelerar el paso. Por eso las decisiones siempre tienen su momento, y no tiene más que el tiempo en dar un paso para planear hacia donde girar (o no) con el siguiente. Porque tampoco tiene sentido planear los siguientes pasos con antelación. Pues podría llegar a un lugar sin continuación. Pero no siempre es fácil. Algunas veces, la velocidad de un paso es demasiado rápida como para poder escoger con seguridad el próximo paso, y el miedo llena de sudor espiritu, de modo que siente su cuerpo combarse como el tablón de un barco, al desear dos direcciones diferentes al mismo tiempo. Pero no se detendrá, continuará, mientras los tendones aguanten, intentando encauzar la shuellas que avanzan tras él. Aimer n'est point nous regarder l'un l'autre, mais regarder ensemble dans la même direction.
FearUna vez más, como tantas otras, caminaba por el bosque. El mismo bosque que ya conocía, pero que seguía admirando y en el que seguía descubriendo el mundo y a sí mismo. El mismo bosque que se afanaba en cuidar desde hacía tanto tiempo como podía recordar. Daba igual quién o qué hubiera sido antes, ahora caminaba entre aquellos troncos, al abrigo de aquella sombra, que le proporcionaba todo aquello que podía desear. Y no estaba exento de peligros. Conocía aquello a lo que se enfrentaba, o eso creía; conocía ese miedo tenue, como un rumor sordo al fondo de su conciencia. Un miedo que le hacía estar alerta, simpere atento a cada momento, pero que mantenía bajo control, que no dictaba sus actos. Siempre hacía lo que quería, o lo más adecuado en cada situación. Simplemente, era feliz Pero aquel día, tras la noche, llego el frío del alba. UIn frío más intenso de lo habitual, quizás incluso fuera de lugar. Hacía horas que la Luna se había ocultado y el Sol aún tardaría en salir. Los primeros rayos morteinos de luz teñían todo lo que podía observar de un gris fantasmal. Y entonce slo oyó Un aullido demasiado gutural para ser humano, demasiado articulado apra ser animal. Un sonido que le erizó el vello de la nuca mientras un escalofrío de puro terror latigó su espalda. Tras un instante de pánico absoluto, respiro profundamente, mientras intentaba relegar ese mieod primigenio al control de la razón. Ya sabía que la criatura existía. Ya sabía que estaba aquí. Era perfectamente consciente de que, antes o después, llegaría este momento. Y funcionó, al menos durante unos minutos recuperó la calma y el control. Pero ahora es emiedo vago, ese rumor sordo había adquirido forma, concretándose en un horror indescriptible que se introdujo en su mente, acechando su calma para sonreirle en cualquier momento. Tan sólo resta esperar que el día llegue pronto y su luz barra, una vez más, el miedo
Celia, the old IrishAnoche volví a verte. Es extraño, hacía tanto quemi mente no se detenía en aquellos recuerdos. Pero el caso es que tú estbas allí, también los estaba yo, y bastante más gente a la que por más que lo intento no consigo recordar. Ni si quiera sé por qué estaba allí, ni si quiera qué era allí, pero estabamos. Recuerdo haberte mirado, como tantas otras veces, como en tantas otras ocasiones. Pero debió de haber algo distinto, porque parece que te diste cuenta. El juego continuaba, o al menos creo que era un juego sin sentido, hasta que tú se lo diste. Había que dar tres opciones, y todos los presentes nos lo tomábamos a broma, hasta que te llegó el turno. Y me preguntaste ¿Que prefieres (...), (...) [lo siento, probablmente fuera improtante, sé que era sobre cómida, pero no consigo recordar cuales fueron exáctamente tus propuestas] o una cita a medianoche conmigo? No recuerdo haber respondido a esa pregunta, probablemente no lo hicera, pero no hizo falta. El retso es una sucesión de momentos inconexos, miradas de complicidad, tu sonrisa tan sincera y totalment exenta de maldad, silencios y tiernas expresioens de cohibida felicidad. Lo único que se salió de esta norma fue el momento en que me acerqué a ti y te dije, susurrando, "Si supieras cuanto tiempo estuve esperando esto, te asustarías" te besé levemente la mejilla y tu te sonrojaste, miraste al suelo, y seguiste con lo tuyo. Al final, a media noche, no viniste. Quizás fue todo una broma, quizás a estas alturas ya no tiene importancia . Pero, ¿sabes una cosa? Solo pude pensar una cosa Mereció la pena , aunque solo hubiera sido por la esperanza Y es que Siempre hubo este inmenso lugar aquí , para ti . Aunque nunca lo supiste, aunque nunca lo sabrás. Today, this not maker any sense, but I feel, you deserve it. Because of so many times that you didn't know
Pieces of us La estrecha callejuelo, como siempre a esta hora de la tarde, se encontraba atestada. Niños desclazos y mugrientes se perseguían saltando entre charcos, o eran perseguidos por los vendedores de fruta que tenían su puesto al aire libre. Multitud de campanillas repicaban cada vez que se abría o cerraba una puerta, mientras que el eempañalagoso aroma del interior de la pequeña confitería intentaba, sin mucho éxito, rivalizar con el hedor de las cuadras de la posada desde cuyo interior se escuchaban cánticos etílicos y tanta sconversaciones que era imposible distinguir una de otra, excepto por los gritos pidiendo al posadero mas cómida o, en la mayoría de los casos, más bebida. Y en esta misma calle, tras una pequeña ventana con los cuarterones semiabiertos para lucha contra el calor pero permitiendo que la luz ilumine la estancia, se escucha el silbido del artesano al fondo de su pequeño taller, realmente limpio si lo comparamos con el retso de los locales de esta misma calle. El hombre trabaja sentado en su mesa, finalizando su ultimo trabajo. Con un apequeña lima para madera iba perfilando las intrincadas formas de las pequeñas piezas. Era, como siempre, un trabajo meticuloso, cuidado, laborioso. Cuando finalmente acabo la última de las piezas, la sguardó en una caja de madera plana que el mismo había fabricado. Se trataba de una caja rectangular, con dos pequeñas bisagras metálicas y un pestillo de obsidiana también de pequeño tamaño. Un gran trabajo, sin duda, puede que el trabajo del que más orgulloso se sentía, en parte precisamente porque nunca lo consideró un trabajo. Pero sabía que pratcicamente nadie llegaría a apreciarlo nunca. ¿Cómo podría nadie apreciar la belleza de un puzzle cuando esta estriba precisamente en las pocas piezas que no encajan con el resto?
GloomSu cabellera blanca caia sobre sus hombros, no había ningún viento que la moviera, y sin embargo tenía frío. Cosa extraña en esta época del año. Él sabía que algo andaba mal. El frío, siempre era el primer síntoma reconocible, aunque ya indicaba que no había mucho que hacer. La apatía y la inercia ya habían echo mella en su espíritu cuando no era capaz de caminar de noche, su medio natural, sin tener frío; cuando en realidad ya ni si quiera tenía ganas de caminar y los días eran copias unos de otros, las mismas calles los mismos rostros... Sentado, observaba la ciudad que se extendía a sus pies, y una sonrisa amarga le recordaba cuanto tiempo hacía que no iba allí, cuanto tiempo hacia que subio solo por última vez, y los distinto que fue, cuanto tiempo hacía queno subía compañado. Hacía mucho tiempo ya que había librado, y en cierto modo vencido, aquella batalla contra aquel oscuro dragón de las sombras. Desde entonces, no había habido nada que encendiera su sangre tanto como aquella sensación, la tensión antes del combate final, la lucha, y la victoria... Aunque fuera una victoria relativa. Sí, había conseguido acabar con el, eso era innegable, sin embargo, en uno de los cortes que le hizo la bestia con sus esscamas, una pequeña esquirla había quedado dentro de él. ¿Dolor? Por Dios, no. No se trataba de eso. Ojalá fuera eso. El arma de los dragones de las sombras es mucho más sútil que la sangre y el dolor. La Desesperación, la soledad, el sinsentido, la apatía... Desde entonces, se encontraba de cuando en cuando en aquella situación, recaidas cuando la maldición de aquella horrible bestia encontraba un lugar por donde asediarle. Siempre había encontrado la forma de salir adelante. a veces una canción a tiempo, otras veces extraños símbolos lingüisticos descubiertos por casualidad, una mirada entre la multitud o muchas otras situaciones inesperadas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, era observando las estrellas en un cielo nocturno, a veces en silencio, otras escuchando sus susurros y sintiendo la cercanía de mundos lejanos, siempre sintiéndose parte de algo más grande que el mismo. Él sabía, que tarde o temprano encontraría la salida a algo que no tenía sentido. Él sabía que las estrellas fugaces son fugaces, y pasan demasiado rápido, por lo que hay que aprovechar cualquier oportunidad para recogerlas. Él es perfectamente consciente de que nada ha cambiado, aunque todo le parezca distinto, o quizás ha cambiado todo, aunque todo sea igual... Fuera como fuera, los últimos altibajos parecían haber quebrado su espiritu. Las estrellas ya no calentaban la noche, el fuego resultaba frío, y las risas vacías... Solo pequeños atisbos de luz le hacían creer que, como tantas otras veces, relegaría esa sombra a lo más oscuro de su ser, pues es consciente de que jamás podrá extirparla; pero no podía aferrarse a ellos, eran demasiado temporales, demasiado vacuos, y su mente una excesivamente profunda sima insondable. Mirando al suelo, entre sus piernas cruzadas, permaneció estático. No había estrellas esta sempiterna noche sin luna, unas densas nubes oscurecían el firmamente, por lo que no intentaba si quiera contemplarlas. Se sentía extraño en la realidad. Se mantuvo quieto, bajo finas gotas de lluvia que caían perezosamente sobre sus hombros, sabiendo que no debía quedarse esperando, sabiendo que debíalevantrase, irse de allí, y arrancar de nuevo. Pero no podía hacerlo. Pero faltaba algo.
Like water, like breath, like rain, like mercy.
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