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ParadoxUn paso. Otro más. Y una vez más. Y así continuamente. ¿Cuanto tiempo llevaba caminando? No habría podido decirlo. Tan sólo estaba seguro de llevar caminando desde que podía recordar. Y todo el tiempo desde entonces, sin parar nunca. Siempre avanzando. Siempre observando. Siempre aprendiendo. Caminaba sin rumbo fijo, pero sabía adonde iba. En cada paso decidía hacia donde se dirigía el siguiente. Siempre persiguiendo ese horizonte, guiandose por su instinto y por la cuantica. A veces camino sólo, a veces acompañado. Incluso, en algunas terribles ocasiones, ambas cosas al mismo tiempo; Incluso, en algunas maravillosas ocasiones, ambas cosas al mismo tiempo. Pero siempre adelante. Siempre caminando, de un modo o de otro, hacia ese lugar nolugar, que sabe que acabará encontrando. Pues ya es real, aunque no existe. Porque lo hará realidad cuando sea el momento, y en ese momento sabrá que siempre fue. Pero la cadencia de sus pasos no debe cambiar. Debe andar siempre con el mismo ritmo, sin variar el tiempo entre paso y paso, sin tener demasiado tiempo el pie en el suelo, pero tampoco en el aire. Su propia naturaleza, paciente, le impide dejar de avanzar y esperar. Su propia naturaleza, impetuosa, le impide darse demasiada prisa y acelerar el paso. Por eso las decisiones siempre tienen su momento, y no tiene más que el tiempo en dar un paso para planear hacia donde girar (o no) con el siguiente. Porque tampoco tiene sentido planear los siguientes pasos con antelación. Pues podría llegar a un lugar sin continuación. Pero no siempre es fácil. Algunas veces, la velocidad de un paso es demasiado rápida como para poder escoger con seguridad el próximo paso, y el miedo llena de sudor espiritu, de modo que siente su cuerpo combarse como el tablón de un barco, al desear dos direcciones diferentes al mismo tiempo. Pero no se detendrá, continuará, mientras los tendones aguanten, intentando encauzar la shuellas que avanzan tras él. Aimer n'est point nous regarder l'un l'autre, mais regarder ensemble dans la même direction.
FearUna vez más, como tantas otras, caminaba por el bosque. El mismo bosque que ya conocía, pero que seguía admirando y en el que seguía descubriendo el mundo y a sí mismo. El mismo bosque que se afanaba en cuidar desde hacía tanto tiempo como podía recordar. Daba igual quién o qué hubiera sido antes, ahora caminaba entre aquellos troncos, al abrigo de aquella sombra, que le proporcionaba todo aquello que podía desear. Y no estaba exento de peligros. Conocía aquello a lo que se enfrentaba, o eso creía; conocía ese miedo tenue, como un rumor sordo al fondo de su conciencia. Un miedo que le hacía estar alerta, simpere atento a cada momento, pero que mantenía bajo control, que no dictaba sus actos. Siempre hacía lo que quería, o lo más adecuado en cada situación. Simplemente, era feliz Pero aquel día, tras la noche, llego el frío del alba. UIn frío más intenso de lo habitual, quizás incluso fuera de lugar. Hacía horas que la Luna se había ocultado y el Sol aún tardaría en salir. Los primeros rayos morteinos de luz teñían todo lo que podía observar de un gris fantasmal. Y entonce slo oyó Un aullido demasiado gutural para ser humano, demasiado articulado apra ser animal. Un sonido que le erizó el vello de la nuca mientras un escalofrío de puro terror latigó su espalda. Tras un instante de pánico absoluto, respiro profundamente, mientras intentaba relegar ese mieod primigenio al control de la razón. Ya sabía que la criatura existía. Ya sabía que estaba aquí. Era perfectamente consciente de que, antes o después, llegaría este momento. Y funcionó, al menos durante unos minutos recuperó la calma y el control. Pero ahora es emiedo vago, ese rumor sordo había adquirido forma, concretándose en un horror indescriptible que se introdujo en su mente, acechando su calma para sonreirle en cualquier momento. Tan sólo resta esperar que el día llegue pronto y su luz barra, una vez más, el miedo
Celia, the old IrishAnoche volví a verte. Es extraño, hacía tanto quemi mente no se detenía en aquellos recuerdos. Pero el caso es que tú estbas allí, también los estaba yo, y bastante más gente a la que por más que lo intento no consigo recordar. Ni si quiera sé por qué estaba allí, ni si quiera qué era allí, pero estabamos. Recuerdo haberte mirado, como tantas otras veces, como en tantas otras ocasiones. Pero debió de haber algo distinto, porque parece que te diste cuenta. El juego continuaba, o al menos creo que era un juego sin sentido, hasta que tú se lo diste. Había que dar tres opciones, y todos los presentes nos lo tomábamos a broma, hasta que te llegó el turno. Y me preguntaste ¿Que prefieres (...), (...) [lo siento, probablmente fuera improtante, sé que era sobre cómida, pero no consigo recordar cuales fueron exáctamente tus propuestas] o una cita a medianoche conmigo? No recuerdo haber respondido a esa pregunta, probablemente no lo hicera, pero no hizo falta. El retso es una sucesión de momentos inconexos, miradas de complicidad, tu sonrisa tan sincera y totalment exenta de maldad, silencios y tiernas expresioens de cohibida felicidad. Lo único que se salió de esta norma fue el momento en que me acerqué a ti y te dije, susurrando, "Si supieras cuanto tiempo estuve esperando esto, te asustarías" te besé levemente la mejilla y tu te sonrojaste, miraste al suelo, y seguiste con lo tuyo. Al final, a media noche, no viniste. Quizás fue todo una broma, quizás a estas alturas ya no tiene importancia . Pero, ¿sabes una cosa? Solo pude pensar una cosa Mereció la pena , aunque solo hubiera sido por la esperanza Y es que Siempre hubo este inmenso lugar aquí , para ti . Aunque nunca lo supiste, aunque nunca lo sabrás. Today, this not maker any sense, but I feel, you deserve it. Because of so many times that you didn't know
Pieces of us La estrecha callejuelo, como siempre a esta hora de la tarde, se encontraba atestada. Niños desclazos y mugrientes se perseguían saltando entre charcos, o eran perseguidos por los vendedores de fruta que tenían su puesto al aire libre. Multitud de campanillas repicaban cada vez que se abría o cerraba una puerta, mientras que el eempañalagoso aroma del interior de la pequeña confitería intentaba, sin mucho éxito, rivalizar con el hedor de las cuadras de la posada desde cuyo interior se escuchaban cánticos etílicos y tanta sconversaciones que era imposible distinguir una de otra, excepto por los gritos pidiendo al posadero mas cómida o, en la mayoría de los casos, más bebida. Y en esta misma calle, tras una pequeña ventana con los cuarterones semiabiertos para lucha contra el calor pero permitiendo que la luz ilumine la estancia, se escucha el silbido del artesano al fondo de su pequeño taller, realmente limpio si lo comparamos con el retso de los locales de esta misma calle. El hombre trabaja sentado en su mesa, finalizando su ultimo trabajo. Con un apequeña lima para madera iba perfilando las intrincadas formas de las pequeñas piezas. Era, como siempre, un trabajo meticuloso, cuidado, laborioso. Cuando finalmente acabo la última de las piezas, la sguardó en una caja de madera plana que el mismo había fabricado. Se trataba de una caja rectangular, con dos pequeñas bisagras metálicas y un pestillo de obsidiana también de pequeño tamaño. Un gran trabajo, sin duda, puede que el trabajo del que más orgulloso se sentía, en parte precisamente porque nunca lo consideró un trabajo. Pero sabía que pratcicamente nadie llegaría a apreciarlo nunca. ¿Cómo podría nadie apreciar la belleza de un puzzle cuando esta estriba precisamente en las pocas piezas que no encajan con el resto?
GloomSu cabellera blanca caia sobre sus hombros, no había ningún viento que la moviera, y sin embargo tenía frío. Cosa extraña en esta época del año. Él sabía que algo andaba mal. El frío, siempre era el primer síntoma reconocible, aunque ya indicaba que no había mucho que hacer. La apatía y la inercia ya habían echo mella en su espíritu cuando no era capaz de caminar de noche, su medio natural, sin tener frío; cuando en realidad ya ni si quiera tenía ganas de caminar y los días eran copias unos de otros, las mismas calles los mismos rostros... Sentado, observaba la ciudad que se extendía a sus pies, y una sonrisa amarga le recordaba cuanto tiempo hacía que no iba allí, cuanto tiempo hacia que subio solo por última vez, y los distinto que fue, cuanto tiempo hacía queno subía compañado. Hacía mucho tiempo ya que había librado, y en cierto modo vencido, aquella batalla contra aquel oscuro dragón de las sombras. Desde entonces, no había habido nada que encendiera su sangre tanto como aquella sensación, la tensión antes del combate final, la lucha, y la victoria... Aunque fuera una victoria relativa. Sí, había conseguido acabar con el, eso era innegable, sin embargo, en uno de los cortes que le hizo la bestia con sus esscamas, una pequeña esquirla había quedado dentro de él. ¿Dolor? Por Dios, no. No se trataba de eso. Ojalá fuera eso. El arma de los dragones de las sombras es mucho más sútil que la sangre y el dolor. La Desesperación, la soledad, el sinsentido, la apatía... Desde entonces, se encontraba de cuando en cuando en aquella situación, recaidas cuando la maldición de aquella horrible bestia encontraba un lugar por donde asediarle. Siempre había encontrado la forma de salir adelante. a veces una canción a tiempo, otras veces extraños símbolos lingüisticos descubiertos por casualidad, una mirada entre la multitud o muchas otras situaciones inesperadas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, era observando las estrellas en un cielo nocturno, a veces en silencio, otras escuchando sus susurros y sintiendo la cercanía de mundos lejanos, siempre sintiéndose parte de algo más grande que el mismo. Él sabía, que tarde o temprano encontraría la salida a algo que no tenía sentido. Él sabía que las estrellas fugaces son fugaces, y pasan demasiado rápido, por lo que hay que aprovechar cualquier oportunidad para recogerlas. Él es perfectamente consciente de que nada ha cambiado, aunque todo le parezca distinto, o quizás ha cambiado todo, aunque todo sea igual... Fuera como fuera, los últimos altibajos parecían haber quebrado su espiritu. Las estrellas ya no calentaban la noche, el fuego resultaba frío, y las risas vacías... Solo pequeños atisbos de luz le hacían creer que, como tantas otras veces, relegaría esa sombra a lo más oscuro de su ser, pues es consciente de que jamás podrá extirparla; pero no podía aferrarse a ellos, eran demasiado temporales, demasiado vacuos, y su mente una excesivamente profunda sima insondable. Mirando al suelo, entre sus piernas cruzadas, permaneció estático. No había estrellas esta sempiterna noche sin luna, unas densas nubes oscurecían el firmamente, por lo que no intentaba si quiera contemplarlas. Se sentía extraño en la realidad. Se mantuvo quieto, bajo finas gotas de lluvia que caían perezosamente sobre sus hombros, sabiendo que no debía quedarse esperando, sabiendo que debíalevantrase, irse de allí, y arrancar de nuevo. Pero no podía hacerlo. Pero faltaba algo.
Like water, like breath, like rain, like mercy.
El amo del calabozoFizban ha encontrado su sombrero, pero esta vez no lo celebrará con una bola de fuego. El maestro. se había ido Requiescat in pacem, Gary Gygax. Ojala sigas tirando esos dados de 20 (Imagen propiedad de Randall Munroe, creador del webcomic xkcd. Bajo licencia Creative commons) (Imagen propiedad de Aitor I Eraña, creador del webcomic Freaks. Bajo copyright)
The WisemanHabían llegado, todos juntos, siguiendo aquel extraño fenómeno. Habían atravesado arenas y mares, montañas y valles por una corazonada. Algo les había dicho que aquello que observaban era demasiado importante como para dejarlo pasar. Por supuesto, habían acertado. No en vano todos sus estudios de astronomía y de las artes esotéricas les habían llevado una vida, como si todo hubiera sido una preparación para ese momento. Quizás llegaron un poco tarde, pero no importó. Nunca llegan tarde, ni pronto, simplemente llegan cuando se lo proponen Y ya tocaba volver. Pero no podían volver por donde habían venido. Debían dispersarse y ocultarse para salir de aquel lugar. Uno de ellos decidió dar el rodeo por el Sur, hacia el continente del caballo, para luego volver a su hogar. Otro de ellos, decidió salir por el Norte, hacia las tierras heladas. EL que quedaba, el primero de ellos, dijo que esperaría un poco, que de este modo sería más difícil que les reconocieran. Con este plan los otros dos marcharon. El primero, se quito los mantos que denotaban su rango, retiró todo símbolo, en realidad los odiaba, pero no le quedaba otro remedio que soportarlo, envío todas sus pertenencias hasta su hogar, a través del vacío astral, se cubrió con un capa negra, limpió su rostro del largo viaje, se afeitó, toda precaución era poca para pasar desapercibido. Y, aunque había dicho que esperaría, en realidad no eran esos sus planes. Así que recogió su calzado, el de caminar sin rumbo, y se dispuso a ello. Echó a andar, hacia el Sureste, siguiendo aquel extraño fenómeno que les había traído hasta este lugar. Recorrió cientos de kilómetros, no sabía a donde iba, no sabía que buscaba, ni que esperaba, pero sabía que aún quedaba algo por hacer, que aún le quedaba algo por hacer. Al otro la del mar siguió avanzando, el frío se volvió mas intenso, seco. El paisaje, bajo una delgada capa de escarcha, marrón, aunque es cierto que si de noche todos los gatos son pardos, de madrugada aun más Por fin, supo que había llegado, un lugar con un tono verde oscuro, para algunos el color de la esperanza, pero no siempre tiene por qué significar algo. Llego a ese lugar, y vio que el cometa estaba ligeramente mas bajo, escuchaba un murmullo, parecido al de una sonrisa, y siguió caminado. Sin rumbo fijo, solo se dejaba llevar por la estela, y por sus botas Y de pronto, se descubrió hablando. No con esa necesidad que otras veces retuvo, no con vehemencia ni con miedo, simplemente comenzó a hablar. Cada una de sus palabras fue sencilla, no hubo grandes juramentos ni excentricidades, aunque procuró evitar el hierro en lo posible. Sus palabras no buscaban una respuesta, sin embargo escuchó el murmullo, con atención, aunque tampoco más de la habitual. No se abrieron los cielos, los cerezos retuvieron sus hojas, tampoco sonó ninguna música. Sin embargo, todo estaba dicho. Sin embargo, todo el viaje anterior ya tuvo sentido, con tan solo esta extraña conversación
Taim i' ngra leat
GuardianPor fin, tras tantos años, lo encontraría. Era un hombre entrado en edad, recio por la vida que llevaba, serio, con su blanca barba bien recortada y muy cuidada. De anchos brazos, y vestido con el inevitable chaleco claro que le permitía moverse con habilidad por la túpida selva. Con un machete de hoja ancha en su poderosa diestra se iba abriendo camino, y unas pesadas y viejas botas protegían sus pies en cada de los innumerables pasos. En su mochila llevaba los libros, documentos y anotaciones que, poco a poco, le habían ido trayendo hasta este lugar. En esta selva, encontraría el antiguo templo, y dentro de este un tesoro tal que no podía calcularse su valor en dinero.
El día que escuchó por primera vez sobre estas antiguas leyendas no prestó demasiada atención. No parecía realmente importante, otros se encargarían y el tenía otras cosas más importantes en que pensar. Sin embargo, con el tiempo, en la soledad de la noche, empezó a pensar más sobre aquel tesoro. Al principio el interés era puramente académico. Un tesoro maravilloso. Quería conocer su historia, sus secretos, quería poder discernir cuales de las leyendas eran ciertas, y cuales meros cuentos para niños. Pero el acercamiento hizo caer la maldición, su alma empezó a codiciarlo. Empezó a desear encontrarlo, y guardarlo para él. Comenzó un arduo entrenamiento. Su vida se dedicó en exclusiva a tan egoista sueño, sin admitirselo jamás a si mismo, y mucho menos a nadie más. Su dedicación era absoluta, sus costumbres cambiaron, su forma de hablar, su forma de andar. siempre alerta, siempre preparado. Su mirada cambio, se hizo más oscura, excepto cuando trabajaba en el que ahora era su destino. Se sentía más fuerte y más vivo que nunca. Sin embargo, la noche antes de partir, tuvo un sueño extraño. Un ser envuelto en una capa oscura se le apareció y le hablo. Su voz, melodiosa a la par que meláncolica sería un recuerdo que le acompañaría por siepre. Le habló del gran tesoro, le contó cosas que no podría haber descubierto de otra forma, le mostró el tesoró, aunque también le aseguró que esa no es su verdadera forma. Él se sintió extasiado. Su gran sueño erá puesto a sus pies de una forma sobrenatural que solo confirmaba su existencia. Pero cuando le preguntó por qué, por qué le explicaba todo aquello, la voz cambió, se hizo sería y firme. "sabes todo esto- le dijo -porque la maldición ha caido sobre ti al querer reclamarlo para ti, y quiero salvarte. Si reconoces su verdadera forma, descubrirás que es tanmaravilloso que no querras poseerlo, entenderás mis palabras, y estarás salvado." Cuando se despertó, jugó con su mente lo suficiente para llegar a la conclusión de que el sueño había sido real, que el tesoro existía y que le estaba esperando, al mismo tiempo que recordaba que el no creía en las maldiciones y que su detsino solo lo escribía el mismo.
Por fin estaba ante el templo. Un templo oculto en lo más recóndito de la selva. Llegar hasta allí había sido duro, era el único que quedaba de la expedición. Aquellos que le acompañaron en un principio ya noe staban con él. Algunos habían muerto, otros desertado. Otros desaparecido, pero parecía que había algo que a él le protegía. Y así, tras varias semanas de extenuante marcha, sobreviviendo de la naturaleza, valiendose de todo s ingenio y d eus valor se encontraba, solo, ante el templo. Los enormes bloques de piedra, los simbolos en las puertas y en las paredes, las inmensas estatuas que flanqueaban la entrada. Todo era más maravilloso de lo que hubiera imaginado jamás. Aunque había visto esas imagenes en sueños, que le asediaban por la noche, en antiquísimos pergaminos que había necontrado en sus años de investigación, nada era comparable con estar ahí, de frente, ante la inmensidad del anhelo de toda una vida. Entro en el lugar. El templo era pequeño, parecía que el tiempo no hubiera hecho el más mínimo daño a su estructura, ni mucho menos a su esplendor. Entro despacio, por algún motivo que no fue capaz de comprender se descalzó, se quitó la mochila y avanzó, con sus pies desnudos sobre la suave y fría piedra. Y no encontró nada. Buscó, buscó y rebuscó. Nada. Desesperado comenzó a pensar que alguien había llegado antes, que se lo habían robado. ¡Había sido engañado! Si hubiera habido algo que hubiera podido romper lo habría roto. fue a su mochila, y destrozó todos los pergaminos, todos los libros, pagina a pagina, con furia, ira y rencor. Empezó a darse de puñetazos con las inocentes paredes, y a gritar con toda su fuerza... Hasta que la deseperación le abrumó, cayó sobre sus rodillas y comenzó a llorar. El ser volvió. se acercó a él, le miró, y sopló en su rostro. Él se despertó. La vio. Y cuando iba a hablar, señaló. Y él despertó. Se levantó, era de noche, la luz de las estrellas caía sobre el templo, era la hora justa. La luz comenzó a crear extraños y fantásticos dibujos en el aire, atravesando el templo de lado a lado, conecntrandose en un punto, que habría pasado desapaercibido. Y lo vió. Su gran anhelo, lo que él tanto deseaba. A su alcance. Por fin era... No. No era suyo. No debía ser suyo. Una sonrisa de amarga felicidad cruzó su rostro. Se levantó, se giró. Freya sonreía. Al fin lo había comprendido Ik geloof ik u niet wil begrijpen
One last screenLa película terminó. La gente se levantaba de sus asientos a la vez que se encendían las luces mientras que, en la pantalla, unas letras blancas discurrían, perezosas, hacia arriba. Poco a poco la sala iba quedando vacía, manchada de palomitas y de botes de Coca-Cola tirados por el suelo. Según salían podías leer en su cara la opinión de la película o quizás sobre algo que les había ocurrido a ellos mientras la veían. Cuando la última persona salió, un hombre serio, bien vestido, que había venido sin compañía, los créditos aún no habían terminado de pasar La sala se había quedado totalmente en silencio excepto por la música que, melancólica, emanaba de los altavoces; iluminada por unas luces que ya no alumbraban a nadie. Así que nadie vio que después de los créditos había una pequeña escena. Una escena corta que no cambiaba al final de la película, ni siquiera modificaba el argumento. Simplemente matizaba el final
Chance or DestinyPor aquel entonces caminaba despacio, sin prisa. Sus pies, en aquel momento, no buscaban otra compañía ni otro destino que sus propias botas. Y caminaba tranquilo, observando en lugar donde se encontraba, mirando hacia atrás de vez en cuando, buscando en el paisaje el recuerdo de quien era; mirando hacia adelante observando los posibles destinos de su viaje sin preocuparse por cuál sería. Se fijaba en los viajeros que se cruzaban con en el camino a veces pidiendo un sorbo de agua, a veces ofreciéndose para ayudarle con el peso. Por aquel entonces, en una de las muchas encrucijadas, vio una muchacha triste de mirada franca. Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que se sentara cerca de ella para reponer sus fuerzas, mientras indicaba a otro viajero qué camino debía seguir. Ella le miró y con una extraña sonrisa se acerco a él y le pidió unas sencillas explicaciones sobre el camino que debía tomar. Él no se lo pensó, miró hacia delante y con una sonrisa y palabras escuetas le dio, al menos hasta donde él sabía, las indicaciones que ella quería. Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que llevaran en ese momento el mismo camino. Y en un acuerdo tácito decidieron caminar juntos, al menos, durante un corto tiempo. Pero ese tiempo no fue corto, y lo que al principio eran encuentros casuales, se volvieron trayectos premeditados, y se buscaban, y se esperan, para hacer al menos una parte del camino. Si pudierais fijaros en sus huellas descubriríais que no siempre llevaban el mismo camino, que simplemente se entrecruzaban muchas veces, incluso algunas veces caminaban por separado u otras sólo se observaban un par de huellas porque uno llevaba al otro (poco importa quién a quien ya que se dieron ambos casos). Sin embargo poco a poco sus huellas iban haciendo cada vez más paralelas, más cercanas. Cada vez más veces caminaban juntos, y durante más tiempo. Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que una noche decidieran terminar con el azar y simplemente caminar juntos. Sus huellas, perfectamente paralelas, hollaban el suelo con una cadencia hipnótica. Sin detenerse, decidiendo con una simple mirada, con una corta palabra, que bifurcación tomar, que destino seguir. Fue un tiempo lleno de momentos que jamás ninguno de los dos olvidaría. Fue un recorrido tan agradable... que no había nada de lo que lamentarse, ninguna decisión mal tomada. Cierto es que algunas noches durmieron al raso, que algunos días tuvieron que racionar la comida, que a veces el frío atería los huesos o que en ocasiones el Sol, derramando un calor de justicia, secaba y acartonaba su piel. Sin embargo, esto no hacía sino hacer más interesante el viaje. Incluso aquella noche que ella se perdió sería un tierno recuerdo sus ojos. Mas finalmente, ya fuera casualidad o destino, los pasos de él comenzaron a alejarse sin que pudiera explicar, ni siquiera sí mismo, por qué. Ella mantenía el rumbo que habían decidido seguir hacía tiempo, pero él, para su desesperación, veía como sus pasos se iban alejando. Y a veces, tras recuperar el rumbo y tener esa agradable sensación de hogar, se encontraba perdido... Finalmente, en una extraña noche, sus huellas terminaron por separarse, tomaron bifurcaciones distintas. Ella, intentando mantener la sonrisa, se alegraba de que hubiera existido el camino. Él, sin permitirse mirar al cielo, no en esta noche, miró al suelo y continuó su camino. Ojalá que sus caminos vuelvan a entrecruzarse como lo hacían al principio. Είναι θαυμάσιο να είναι με σας
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Almost awakeLa criatura dormía. Sus ojos cerrados, su sueño plácido y tranquilo. El silencio, la oscuridad y la calma le velaban. El sueño era hermoso, jamás existió uno tan alejado de una pesadilla. Jamás sueño ninguno sería recordado con tanto detalle una vez que despertara; porque por muy maravilloso que fuera tarde temprano despertaría, se levantaría con cara de tonto, y, con el pelo revuelto, desayunaría un desayuno cargado de melancolía al descubrir que tan solo fue un sueño. Y saldría a la calle, a la gris realidad. Y la verdad es que poco a poco su sueño se hacía más ligero, se removía en su lecho y hablaba en sueños. Parecía muy probable que pronto despertara. Despertar que le devolvería a la realidad, a sus quehaceres habituales, durante un día más, hasta la llegada de otra noche en la que soñaría con algo totalmente distinto, si es que llegara a soñar, aunque seguro que dormirá.
Ollos de NiaCreo que era invierno. Seguro que era de noche. La luna brillaba, creo que llena, porque no recuerdo estrellas. Esa noche fue el comienzo, esa noche vi sus ojos por primera vez. No podría haber adivinado las consecuencias aquella noche. Entre risas y silencios vi brillar esos ojos. Millones de reflejos, millones de matices. Quizás era el reflejo de la luna, aquella luna dibujaba y pintada. Poco a poco las risas fueron ganando terreno. Poco a poco la confianza comenzó a brillar en esos ojos. Tanto que también me mostraron la amargura, la impotencia frente a los avatares de la vida y el destino; tardes tristes, de luz cronometrada e incómodos asientos. Pero también había tardes llenas de Sol, jugadas de rugby y sabores exóticos. Tardes de sombra de árbol y gente dando vueltas. Tardes en las que la amistad, la alegría encendía sus ojos y parecía capaz de ver de noche. Más tarde llegaron las tardes con obligaciones. Tardes cronometradas y organizadas. De calor y de IKEA. Y esos ojos brillaban, mostraban prisa por que corriera el tiempo para llegar a la comodidad y a las palabras con hombro. Y el brillo cambió, durante un tiempo se hizo cálido, puede que incluso más de lo que debería, incluso ilegal y peligroso También hubo una noche de brazos y sal; azulejos y compañía. Y el brillo de sus ojos, os ollos de Nia, brillaron con tal intensidad que no sólo trasmitían tristeza sino que la compartían, la creaban en mi interior, aunque fuera una tristeza llena de buenos presagios. Volvieron las tardes, las tardes con obligaciones en las que surgió la vorágine: el brillo cambió de nuevo, y volví a leer en sus ojos, pero esta vez había grandes dosis de desconfianza, de ira, desprecio que crecían con el que... ¿Quién podría imaginar lo que ocurría? trajeron insomnio y dudas; desesperación y lucha, y finalmente, rendición. Esos ojos se cerraron, dejaron de iluminarme. Cuando volví a verlos, no eran los mismos. Opacos, brillaban en todas las direcciones pero para mí estaban vedados. Y la tristeza se fusionó con la tranquilidad; la tristeza de la pérdida con la tranquilidad de lo normal. Sin embargo hace poco, en una noche prohibida de sueño y oscuridad, donde no podía ver esos ojos; volvieron a brillar iluminandome. Y ahora, después de tanto tiempo, quieren ponerte gafas de sol, dirigirte como a los caballos centrando tu mirada. Y yo dudo. Dudo y me estremezco ante lo inverosímil, lo increíble, lo impredecible, lo sorprendente. Quizás me equivoqué al juzgar. Quizás... ¿Seguro que quieres jugar? &KPTM
HarperEl estudiante necesitó salir. Necesitaba respirar el aire de la calle aunque fuera frío. Además, ya casi estaba perdiendo la costumbre. Dudó si abrigarse o no, pero pensó que el frío, si no era excesivo, le vendría bien. Así que con un quedo 'hasta luego' al pasar por delante de la cocina, bajó a la calle, con destino, el que desearan su playeras (pues no había tenido ganas de ponerses botas) El cazador tomó forma, sabía dónde podía encontrar a su preso y se dirigió hacia los leones. Allí, con el manto oscuro de la noche envolviendole, llegó junto al escritor, en silencio, sin alertarle. Consiguiendo que este no le escuchara, miro a su alrededor, buscando su presa, mas no la encontró. Alguien había llegado antes, y se la había llevado. El pensador deambulaba, como tantas otras veces, aunque hacia mucho desde la última, sin prisa. Meditaba sobre el tiempo, la eternidad, la mortalidad, las piedras, el ambiente de esta parte de la ciudad, el espiritu y la identidad de la ciudad. Pensaba en la gente con la que se cruzaba, y en algunos casos, sin poder evitarlo, se sentía superior a ellos Alguien, no sabemos quien, caminaba entre las piedras, humedas por la reciente lluvia escasa y antiguas, muy antiguas, cuando notó la vibración. Sus pasos se dirigieron a aquel lugar, antes del emblema. Apoyó su espalda contra la pared y una gran luminosidad cegó sus ojos. Con sus ojos cegados empezó a ver imagenes. Damas y caballeros que bailaban al son de esa ancestral música. Vetsidos fastuosos y trajes de la nobleza. Un tiempo perdido que ya no volvería. Las cuerdas, entre la madera, vibraban, iban y venian, con la armonía del caos controlado por la entropia Una risa reciente se volvió la más dulce de las drogas y desencadenó de nuevo aquel imposible y maldito relámpago verde anguloso que cruzó su noche cuando surgió aquella pregunta que trataba de definir la bruma. Las manos se movían, hipnóticas, su retina acusaba el resplandor que lo había cegado, y sin embargo no podía apartar su mirada Vio aquella mariposa, aterrada por la oscuridad, que habia llegado demasaido pronto. Y él no sabía si temía o deseaba que no fuera tan sólo un eclipse Las manos continuaban su viaje, arrancando las notas de aquellas cuerdas, tantas que no se moelstó en contarlas, tampoco tenía sentido Recordó la mordedura del vampiro, aquello que introdujo la bestia, que de momento estaba controlada, ¿Pero quien sabe si volvería a surgir? ...todavía escocía... La música rompió las barreras, el tiempo y el espacio ya no existían, tan solo la música, esas manos volando sobre las cuerdas con una cadencia hechizante. Recordó a aquella dama del Toboso, a aquella Egipcia. Vidas dispares que fueron separadadas en cierto modo definitavemnte, en cierto modo aún continuaban unidas Finalmente, con la música aun reverberando sobre las piedras, con la noche detenida en silencio, escuchando, sus pies comenzaron a caminar, lentamente, de vuelta, sin prisa pero sin pausa, como el calabobos Celles-ci sont les circonstances, mais, Qui je suis?
SaudadeLas dos niñas, tumbadas en la hierba, disfrutaban del Sol de primavera nombrando las nubes según aparecían, discutían alguna forma, y reían de nada. Y es que el tiempo no importaba. Y la tarde fue discurriendo entre amistad risas y ternura. Empezaba a hacer frío, y había que moverse. Jugando a pillar, siempre riendo, salieron del valle y entraron en el bosque. Un bosque tranquilo, silencioso en su justa medida. Jugaron a esconderse, la pequeña salió corriendo mientras la mayor contaba 1, 2, 3... ...40, 41 y... ¡42! Sonriendo, saltando entre los árboles comenzó a buscarla. Aún tenían tiempo para volver a casa así que no había prisa. Pero la noche fue cayendo sobre el bosque. Empezó a ponerse nerviosa... cada vez veía menos y saltaba cuando algo pasaba cerca de ella, aunque fuera una ardilla que iba a dormir. El silencio se hacía cada vez más opresivo según los animales diurnos dormían y los nocturnos usaban el silencio para cazar sin ser vistos. Para desgarrar a sus presas en un descuido. Las ramas crujían bajo sus pies. Pronto empezó a saltar incluso aunque no pasara nada junto a ella. Empezó a sentir dedos gélidos que la rozaban, y solo era el frío, o incluso su propia imaginación... y poco a poco una idea iba tomando forma en su mente... una idea en la que no quería pensar. Llegó al círculo de piedra. La Luna llena tapada por una nube derramaba una luz tenebrosa, un ambiente fantasmal, un silencio tétrico recorría las piedras, como un depredador, al acecho de cualquier ruido para acallarlo. Su adrenalina hacía que su corazón latiera demasiado rápido, sus pupilas, dilatas por un creciente terror, le hacían ver prácticamente como si aún fuera el atardecer; su mente distorsionaba las sombras hasta convertirlas en sus miedos, aquellos que ni si quiera ella sabía que le aterraban. La nube dejó un jirón de claridad a través de la cual pasó la luz de la Luna llena, iluminando el centro del círculo donde estaba la pequeña. A punto de llorar de puro alivio, se acerco corriendo llamándola por el nombre que ella utilizaba. Por fin llegó, la abrazó con fuerza y le habló... le cogió de la mano y echaron a andar hacia su casa... Pero su mano estaba fría... su mirada, perdida... caminaba maquinalmente... Y cuando le miró a los ojos solo descubrió unos ojos fríos, carentes de vida. Y entonces ese pensamiento que le atormentaba sin saber cual era tomo forma, de un golpe seco, se instaló en su mente, dejándola sin aire. ...estás sola... Y corrió, corrió como nunca había corrido, como nunca volvería a correr, llorando de puro pánico sin ver si quiera el camino que seguía. ...sola... Die schlimste art von einsamkeit ist: Das die, die du libst sich in sich selbst schlisst und du sie nicht reichen kannst
AfterwarsDurante el siglo 31, cuando la gran guerra estaba en su apogeo (o eso creían, la verdad es que nadie era capaz de imaginar el alcance que tendría) un grupo de científicos decidió, bajo los auspicios del gobierno, utilizar todos los conocimientos de la ciencia humana: genética, biónica, micromedicina, nanobótica y otras muchas, con el propósito de dotar a nuestros soldados de una gran fuerza, mejor visibilidad, mayor agilidad... En definitiva, hacer de ellos unos súpersoldados, aumentar sus posibilidades de supervivencia, y por ende, de toda la raza humana.
Durante el cuadragésimo primer milenio, esos implantes y modificaciones se mostraron como una gran ayuda, puede que hayamos llegado al día de hoy gracias a ellos. Aunque, en honor a la verdad, hay que decir que algunos de esos implantes no funcionaron, otros solo funcionaron en unos y no en otros, lo que por otra parte llevo a la disgregación del gran ejercito en diferentes capítulos, lo cual llevo inevitablemente a luchas políticas y rencillas internas, pero eso no es lo que ahora nos ocupa. El caso es que algunas de esas modificaciones consiguieron introducirse en el código genético de los mismos soldados. Nadie hubo imaginado que podría llegar así, pero el ADN asumió algunas de esas modificaciones, e incluso las cambió. Y así, años después de que la guerra terminara los descendientes de los grandes guerreros se han constituido como una raza distinta, y es posible que en algunos cientos de años, sean como una especie distinta, de ellos dependerá, de su orgullo y de su vanidad. Y uno de los implantes que más problemas sigue causando es el "Nodo catalepsiano". Al principio su utilidad y funcionalidad era sorprendente. Permitía al soldado dormir "por partes" de modo que iba desactivando cíclicamente porciones del cerebro, y se mantenía consciente del entorno, lo que, aunque no podía suplir durante excesivo tiempo al sueño natural, ciertamente mejoraba la capacidad del soldado para resistir la fatiga. Sin embargo, al final el cerebro asimiló esa nueva funcionalidad, y la fue modificando. Al principio nadie se preocupo demasiado, era sabido que la mayoría de los soldados no sobrevivían su primera década de la guerra, así que esto no causaba excesivos problemas. Pero una vez que la guerra terminó, ya resultaba imposible recuperarlo. Sus efectos a corto plazo fueron devastadores, cada cerebro con la modificación asimilada reaccionó frente a esta de forma distinta. Muchos murieron por falta de sueño, otros perdieron capacidades motoras o mentales porque partes de sus cerebros entraban en coma. Otros directamente entraban en coma durante periodos de muchos años para despertar de repente y sin avisar, algo parecido a lo que antiguamente se conocía como narcolepsia (ruego por que ninguno de los considerados caídos sufriera de este mal). Finalmente los cerebros se adaptaron, y casi todos confluyeron en una conciencia dual, pero sin ser esquizofrenia, seguía siendo tan solo una persona. Ellos llevaban su vida con bastante normalidad, simplemente de vez en cuando una de las dos mentes dormía y la otra se mantenía despierta, y los momentos en que ambas mentes estaban despiertas resultaba en una capacidad mental sobrehumana, hasta el punto de que se había gente que les contrataba como científicos tan solo esperando esos 10 o 20 días al año que ambas mentes coincidían despiertas durante tiempo suficiente como para provocar grandes cambios en la ciencia, las artes o en cualquier rama en la que estuvieran especializados. Sin embargo, siempre estaban despiertos. Siempre una de las dos mentes estaba consciente, y a veces se les veía sufrir, su cerebro seguía siendo humano, y el no poder entrar en los ciclos del sueño por completo no resultaba fácil para ninguno de ellos. Permanentemente insomnes, condenados a que cada mitad de su conciencia dual durmiera siempre alejada de la otra, les reportaba, en el peor de los casos, ciertas enfermedades psicológicas que ningún psicólogo puede tratar; y en el mejor de los casos, migrañas, vértigos, mareos, inmunosupresión y demás males menores. Y he aquí la importancia de este descubrimiento, ya que nada podían hacer los biomecanurologos por solucionarlo (y también es cierto que mucha gente, incluso ellos mismos, consideraban que era preferible continuar así) excepto extirpar medio cerebro, cosa que no llevaría a ninguna parte, ya que como hemos afirmado antes a día de hoy el nodo está incluido en el genoma. Anoche decidí invocar esta reunión porque por primera vez un cicloléptico ha dormido como un ser humano normal, sin cirugía ni psicofármacos. Simplemente durmió. Llego diciendo que se encontraba muy cansado, le pusimos en observación, y como se puede observar por las ondas alfa del electro ha dormido completamente durante varias horas. Cuando despertó preguntó que qué le había ocurrido, se lo explicamos y afirmo que se encontraba como nunca. Que si eso era dormir desearía poder repetirlo. Y además una hora después entró en confluencia mental sinérgica y aun sigue en ese estado, aunque remitiendo. No sabemos cuando volverá a ocurrir, si mañana, o dentro de dos meses, pero las dos conciencias de un cicloléptico durmieron juntas por primera vez.
ArenasUn sol de justicia ilumina las arenas. El calor resultaría insoportable si hubiera alguien para soportarlo, pero no es así. Ninguna persona, ningún animal hollan la perfectamente lisa arena. Tan solo el viento, en muy contadas ocasiones, osa levantarse y remover las arenas moviendo de un lugar a otro las dunas. Luego, en la noche ni una sola nube cubre el firmamento y el calor escapa como espantado por un terrible enemigo. El frío resulta igualmente insoportable. La arena, clara y fina quemaría los pies de aquel que se atreviera a pisarla durante el día. Su color, verdoso según algunos, resulta extraño, pero en si misma es un arena extraña. Y, en el borde de este desierto, la arena cae. Cae en la parte superior de un pequeño reloj de arena. La arena atraviesa lentamente el reloj, como si este quisiera saborear cada pequeño grano antes de dejarlo escapar. Y al caer abajo se hace mucho más pequeño, para dejar sitio a todos los demás que caerán. O no. Pero ese lento caer, silencioso e imperceptible, ese conocimiento de que algún día dejará de ocurrir, da sentido al reloj en si mismo, ¿Para qué valdría si no? El cristal se agrietaría, las diferenvcias de temperatura lo combarían y lo quebrarían si estuviera allí siempre. La arena simplemente seguirá cayendo mientras siga cayendo. Y no será muhco tiempo ni poco, simplemente será su sentido en si mismo No hay forma de saber cuanto tiempo queda. Nadie sabe cuando la arena dejará de caer, ya que el desierto siempre tendrá arena, simplemente un día dejará de desbordar. Tampoco hay forma de esperar que el hueco de abajo se llene, pues el tamaño de la arena allí contenida cambia, de modo que siempre parece que aun queda mucho espacio. Como de hecho es. Simplemente es una certeza. Una certeza agridulce, incomoda y agradable al mismo tiempo. Algún día esa arena dejará de caer This time it doesn't run out between his fingers
BSOEl encuadre era perfecto. Él camina abrigado bajo la lluvia, lentamente, acompañando por y acompañado por ella. Su conversación, temas intrascendentes. Su destino, ninguno, excepto el que desearan sus pies. La expresividad de ella contrasta con la tranquila serenidad de él. El, ligeramente más alto. Algunos viandantes se cruzan con ellos, sin mirarles. Pasan desapercibidos en la normalidad que suponen. El decorado el habitual. Calles antiguas, humedas por la lluvia que cae sin prisa en ese momento. La luz, escasa por la hora y la estación del año. Si se les observara parecería que, ajenos al mundo, vagan por la ciudad sin más compañía que la que ellos mismos se dan. Poco a poco la inevitable música entra en escena. Él sonríe, como si esperara algo, mientras la música va subiendo de volumen. Se paran. Se apoyan en una columna bajo unos soportales que les protegen, innecesariamente, de la lluvia, que cae con pereza. Se mantienen en silencio mientras la música ocupa la atención del espectador. La camara les coge en varias tomas. Recoge también alguna imagen de aquellos que se cruzan con ellos, de sus expresiones de absoluta y total indiferencia, como si no comprendieran, o como si comprendieran demasiado, o quizás todo lo contrario. Cruzan alguna palabra más, una sonrisa complice, y una mirada que comunica más de lo que podrían decir Sin duda, una escena digna de los premios de la academia (o de alguno que realmente mereciera la pena) Pero nunca recibirá ningún premio. El guíon no existe. El decorado es real. Los efectos especiales son naturales. No es ninguna pelicula. Cuando se van de allí, él busca un rostro con la mirada. Le ve, y temiendo desconcentrarle le hace un leve gesto de reconocimiento y agradecimiento. Cuando él y ella se han ido, el músico sigue tocando
2+2=5El marino observaba con resignación el implacable oceano. Sus ojos, despiertos, denotaban su tranquilo abatimiento. El viento seguía en calma; tan solo una suave brisa ondulaba ligeramente la límpida superficie cristalina. Nada que ver con aquellos grandes vendavales, tormentas que erguían el alma y que estaba acostumbrado a seguir. Esas tormentas, de fuerza devastadora, las que obligaban a luchar para no sucumbir bajo su fuerza, siempre habían impulsado su pequeño barco. Sin poder evitarlo, alguna vez recordaba el último huracán, el que le trajo a este puerto entre lágrimas de frustación y de felicidad. Ese recuerdo, esa tomenta perviviría por siempre en su alma, mas no la añoraba. Así debía ser. Sin embargo, llevaba mucho tiempo anclado en ese cabo, oteando el horizonte. Al principio no era moelsto, le gustaba este lugar, este puerto, y no precisaba mas que aquello que descubría desde su acantilado. Sin embargo con el tiempo y la inmovilidad Wanderlust volvió. Mientras dormía susurraba pañabras en la distancia; paraisos desiertos, lugares ensoñados, magia... Wanderlust, sin estar nunca con él, acosaba sus sueños, le mostraba como conjurar los vientos, le instaba a saltar del acantilado y nadar buscando esas playas, le conminaba viajar, le enseñaba no estaban tan lejos. Y él, aunque no lo deseaba, escuchaba su voz. A veces deseaba dejarse llevar por esas falsas promesas, pero en el fondo comprendía que hay que llegar teniendo tino, que no es el camino, si no el caminar Consiguió vencer, controlar sus deseos y los inducidos, esperando el momento en que la tormenta fuera natural, auqella tormenta que, como todas las anteriores, presentía que sería la última, la que le llevaría tan lejos que olvidaría todos aquellos puertos y lugares. La tormenta perfecta. Hasta que llegó aquella noche, y en aquella noche aquel sueño. Soñó con circunflejos, soñó con una risa blanca. Soñó que Wanderlust desaparecía de su lado y dejaba a su lado una calma amarilla. Despertó relajado, y supo que a la noche siguiente partiría Tras un día lleno de preparativos, llegó la noche. Y se fijó en la brisa que soplaba tras él. Una brisa tranquila, pausada con un aroma dulce pero fresco que le transmitía tranquilidad, paz. Supo entonces que había llegado el momento, que aquella brisa sería más segura que aquellos vendavales. Hizó la vela que tanto tiempo llevaba recogida, aquella que serviría para recoger lo mejor posible una suave brisa. Izó su estandarte, el fenix que volaba bajo un cielo estrellado, y se hizo a la mar. Seguro y tranquilo, aunque preguntándose a donde le llevaría este viaje Fijó su vista en las estrellas, como hacía siempre que se sentía desasoegado, vió esa estrella que derramaba una suave luz sobre sus hombros, y murmuró unas palabras que nadie escuchó, pero que fueron comprendidas.
ReflejosUna vez más pasó por delante de aquel espejo. Una vez más se detuvo delante. Y observo el extraño reflejo, un reflejo no creado por luz, que iba mucho más allá que ninguna otra imagen. Sin embargo, esta vez, al observar aquel ser que veía al otro lado del espejo, sintió miedo. Por primera vez sintió más real al reflejo que a sí mismo, y empezó a preguntarse si no sería él el reflejo. El otro parecía más real, incluso aquellas cosas comunes parecían más reales y con mas sentido desde la perspectiva del otro lado del espejo. Se preguntaba si ese vacío que sentía se debía a que no era real, al menos no más real que aquel reflejo, o si se debía a un vacio existencial que debía llenar. Si no era real, si no era más real que el reflejo de Elune sobre las aguas del lago, entonces, ¿Qué sentido tenía nada?. Si al final desaparecería, si solo existía cuando aquel se reflejaba, ¿A dónde llevaban sus esfuerzos? Así, con tan duras meditaciones sobre su existencia y la cruel dualidad del espejo, se planteó comenzar un camino. Si no era más real que aquel, lo sería. Le daría el sentido que necesitaba a sentir en su vida para sabrse vivo. Aquel científico le recordó, sin proponerselo, sus mismos deseos. Y entre aquellos que le rodeaban brillaban luces que le iluminarían. Esto requeriría grandes esfuerzos y sacrificios, caminar por el desierto de la oscurdad eterna durante demasiado tiempo, y lo que más le asustaba ahora mismo era si esa luz era real, o un espejismo creado por la necesidad de la misma.
Luz¿Cuantas posibilidades hay de que dos rayos de luz sean paralelos? En un universo tridimensional resulta en realidad practicamente imposible, digamos, una posibilidad entre 360^3.Y si además tenemos en cuenta que hay un punto de la realidad que recibe la luminosidad de ambos rayos resulta prácticamente imposible que sean paralelos (necesitaríamos una maquina de improbabilidad infinita para conseguirlo).
Ahora, tenemos dos rayos de luz en el universo, que comenzaron en lugares muy diferentes, incluso en tiempos diferentes, ambos rayos iluminan en parte un pequeño y apartado punto en el universo, pero nunca llegaron a juntarse... Hasta ahora. Por los avatares del destino ambos rayos confluyeron en un punto, un punto indeterminado de la realidad, donde se cruzaron durante un tiempo que en realidad, comparado con la eternidad, no será mas que un diferencial de t. Y cuando esas dos luces tan diferentes se cruzarón en un unico punto de la realidad hubo un estallido de luz y de color que sin embargo estaba lleno de paz y tranquilidad, una aurora boreal de color octarino que hizo desaparecer el tiempo y el espacio. El trovador errante miró el cielo y se sintió tranquilo, por fin el universo tenía sentido, o quizás simplemente no le importaba no entenderlo. Quisalan elevas
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