Almostel's profileEl SantuarioBlogListsGuestbook Tools Help

Blog


    Probabilidades

    Un destello metálico surcó la habitación. Chocó contra el madera de la pared y se hizo añicos. Al suelo calleron los pedazos, trozos de cristal, madera, metal, y la aguja, que ya nunca señalaría ninguna dirección.

    Al otro extremo de la pared un hombre observava furioso el mar, de espaldas a la brujula recien destrozada. Ante sus ojos los Acantilados de Despair; infranqueables, se erguían sobre el mar agitado y mostraban su imponente cuerpo a tarvés de la bruma. El viento silbaba como riéndose de él.

    Una vez más, había llegado hasta un lugar del que nopodía continuar y debía desandar el cámino. Una vez más la brújula le había traicionado, una vez más debía alejarse del lugar a donde quería llegar... Esos malditos cacharros. Pero dependía de una para poder navegar, y ya no sbaía que hacer. Las había probado todas, pero resultaron inutiles. Las había que señalaban el Norte, pero, ¿Para qué te valía si debías encontrar tu propio camino? Había otras que señalaban el destino, pero los destinos en linea recta acaban siempre con un lugar que no se podía atravesar de ninguna manera y había que retroceder.

    Y  esta última no señalaba el destino, si no la ruta para alcanzarlo, sin embargo el mar y la naturaleza son cambiantes, tanto que cuando la ruta no era impracticable por su dificultad, lo era por problemas logísticos, o si no por la modificación del camino, o por el ánimo cambiante del mismo marino que descubría que en realidad no merecía la pena tanto esfuerzo...

    Una vez más debería desandar el camino, retroceder hasta el comienzo y buscar una nueva ruta, sin embargo ya ninguna de las brújulas podría ayudarle, ya no creía en ellas ni en las cartas de navegación... todas ellas fijas, o demasiado directas

    Esa noche, como todas, cuando logró dormirse tuvo un sueño agitado e intranquilo, desesperanzador, lleno de pesadillas, de caminos imposibles, de ruido y de caos... Caos, desorden... y tuvo una idea

    Se despertó de repente, sin ese molesto tiempo en que tu mente esta despertando cuando tu cuerpo ya lo ha hecho; con la lucidez inmediata del que de pronto se da cuenta de que sabe algo que unos instantes antes ni si quiera imaginaba Recordó las antiguas leyendas sobre una brújula que todos los marinos desdeñaban porque no era capaz de marcar una dirección, pero que aquel que la utilizó hace tantos años aseguraba que jamás encontraría una mejor. Él la tenía, pero hasta este momento no le había encontrado utilidad; de hecho hasta este instante nunca pensó de que se tratara una brujula, probablemente la mejor que tendría jamás, así como la más extraña.

    La rescató entre todos los artilugios extraño que su caminar errante le habían hecho guardar. estaba en un apequeña caja de madera con un extraño símbolo sobre la tapa que debería ser alguna letra de algun idioma antiguo o secreto. La abrío y en su interior ninguna flecha, ninguna rumbo, ninguna ruta. Tan solo numeros, fluctuando, en una aparente vorágine caótica y sin sentido. Le llevaría mucho tiempo y muchas busquedas aprender a interpretarla correctamente, sin embargo, merecía la pena. Por fin había descubierto el secreto de la mejor brújula del mundo, la que siempre dejaba una alternativa, tra posibilidad, la que aseguraba que se podía seguir caminando sin retroceder cambiando ligeramente el destino aparente, para ocseguir llegar a donde él quisiera.

    No señalaba una ruta, solo una probabilidad

    Quien solo busca la salida, no llegará jamás a comprender y admirar el laberinto

     

    Creative Commons License
    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

    Karina

    La tarde había sido una como tantas, sin nada especial que contar, y la noche, llegando a su fin, parecía que acabaría del mismo modo.

    La Luna llena resplandecía de ese modo que solo puede ocurrir cuando esta cubierta por nubes y parece que no se resigna a no ser vista. En la calle hacía frío y aunque a él le gustaba sentirlo, se encontraba en el interior de la estancia porque sabía que en ese momento procedía.

    Se había decidido a irse, el tiempo no espera a nadie, el día siguiente sería un día largo, tanto para él como para quienes con él estaban, y no deseaba ser molestia. Se estaba despidiendo mientras las risas resonaban en la estancia, y entonces, sucedió.

    La mujer abrió el baúl, en su presencia, para compartir el interior con él. Uno mucho más agradable que el de Pandora. Un baúl, cofre, caja… no importa la forma que coja en un momento preciso (de hecho en este caso no tenía ninguna de esas) y en muchos casos no es más que una idea que fluye entre los que están allí.

    Y en su interior… en su interior vuelan hadas y ríen ángeles. En su interior las peores intenciones se ven como algo digno y desde otra perspectiva. Los sueños son reales. Y los tesoros que contienen, sin ningún valor material son tan valiosos como una vida misma, incluso a veces son tal. En su interior todo es perfecto, como cuando finalmente tan solo recordar lo mejor.

    Él… él sabía que no merecía el regalo que le estaban haciendo, haciéndole participe de esos tesoros, mostrando una vida de la que él no era parte, pero haciéndole parte de la misma; y sin embargo lo aceptaba como un regalo, como aquel que recibió los honores de Solamnia. Aunque no era la primera vez que ocurría, ese momento fue especial para él. Se dio cuenta de lo que, al menos para él y puede que para alguien más significaba. Vivió ese momento como algo más real que los motivos que le impulsaban a seguir errante por el mundo (pero no perdido) y que le hacían más parte si cabe de algo de lo que ya se sentía….

    Se encontró escuchando palabras que hacía muy poco tiempo no habría soñado escuchar con naturalidad, y que aún le sorprendía. Se encontró hablando con la naturalidad y la tranquilidad que solo la confianza y el sentirse parte puede conceder. Se encontró recordando recuerdos que no le pertenecían, porque así lo deseaban y habando de esas cosas que uno no suele decir… Una vez más se encontró en esa tierra al Norte del tiempo.

    Finalmente el hechizo terminó, el tiempo llamó a su mente de vuelta al presente y a lo que los necios llaman realidad. Se fue, mientras repasaba aquellos maravillosos tesoros en su mente y deseaba que este final no hubiera llegado.

    Elen sila lumen omentielmo

     

    Creative Commons License
    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

    Catching Dreams

    El trovador errante camina despacio, bajo una Luna excesivamente luminosa para sus planes, y prácticamente resignado a no poder cumplirlos y tener que esperar otro ciclo antes de volver a intentarlo. No era un triste acontecimiento, debido a las circunstancias, aunque sería mentira asegurar que no le fastidiaba.

    Sin embargo, por un providencial mensajero, supo que sí sería posible, y la noche brilló con más intensidad. Cuando se paró a pensarlo se dio cuenta de lo extraño que había sido el , pero finalmente estaba allí.

    Ahora, relajado, observaba con atención el cielo estrellado. Era la noche en la que por el firmamento surcaba la esencia misma de los sueños, capaz de hacerlos realidad. Varias veces lo vio pasar. Él, sin prisa, esperando el momento de actuar simplemente disfrutaba del espectáculo, de la compañía, de la magia del momento.

    Finalmente la vio; esa luz brillaba en el cielo. No era la más grande, ni la más pequeña, ni la mas ni menos brillante, ni las más rápida tampoco. En realidad no tenía nada de especial, simplemente era la apropiada. En ella imprimió cual si fuera un grabado el deseo que anhegaba su alma. Tan solo uno. Pedir más haría que alguno quedara sin hacerse realidad, y para él, con ese sería suficiente. Cerró los ojos, completó el ritual y formuló su deseo.

    ¿Se haría realidad? Obviamente deseaba que sí. Pero solo ella podría decírselo, si alguna vez lo comprendía.

     

    Creative Commons License
    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

    La brújula

    Levantó la tapa. Esperaba, como siempre, ver girar la aguja hacia ninguna dirección en particular. Y su esperanza no se frustró en esta ocasión. 360º, 21600’ de dudas y de indecisión. Llevaba así tanto tiempo... ya no podía recordar... En realidad, llevaba así desde antes de conseguir la brújula (es una historia que quizás merezca la pena contar en otro momento, pero no ahora). Cuando por fin la encontró creía que su vida estaría solucionada, pero no fue así. La maldita brújula jamás había señalado a ningún punto en concreto, un poco en una dirección, un poco en otra, y hacia ningún lugar al final. Cerró la brújula, se sentó en el coche, su muñeca hizo el giro mecánico al que estaba acostumbrado, un gesto con la melancolía de un buque varado o del barco con un capitán sin rumbo.

    Después vino la noche, aquella noche fría... Volvió a ese lugar, alto, desde donde divisaba toda la ciudad, con las amarillentas luces iluminando, aunque poco a poco las iban cambiando por esas horribles luces, frías de puro blanco, de bajo consumo. Se tumbó sobre el estrecho arco mientras en sus oídos sonaban los nostálgicos acordes de una triste canción de aquella actriz de Titanic en formato mp3. La luna, probablemente menguante, o quizás creciente, oculta tras las nubes. Como tantas otras veces en el pasado se dejó llevar (¿Cuánto tiempo hacía desde la última vez?). Aquellos años en los que era capaz de mover las nubes a su antojo y se cobijaba tras una larga capa negra, ¿Por qué había vuelto aquí? Su mente seguía divagando, desvariando, desintegrando, entre sonrisas melancólicas, agradables recuerdos...

    Abrió los ojos. El cielo estaba despejado, la luna, nueva, no ocultaba ninguna de las estrellas (aunque de eso se encargaba la contaminación lumínica, aunque en este lugar no era demasiada). El reproductor de mp3 se mantuvo en silencio cuando intento ponerlo en marcha y se dio cuenta de que se había quedado sin pilas. Asustado, se dio cuenta de que se había quedado dormido, asustado porque el mas mínimo giro le habría hecho caer cinco metros y ya estaba mayor para esos golpes.

    De pronto tuvo una certeza. Abrió la brújula y vio que señalaba en una única dirección. Una sonrisa amarga cruzó su rostro. Pensando sobre esta revelación caminó con cuidado, los habituales, pero mucho menos ágiles que antaño, saltos le llevaron al suelo y bajó las mas de doscientas escaleras que le separaban del coche. Pensando que se achica el mundo más se encaminó con el relajante sonido suave del motor del coche en sus oídos hacía el hotel.

    ¿Qué hay mas amargo? ¿No conocer el rumbo o no desearlo?

    Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus.

     

    Creative Commons License
    Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.