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    Gloom

    Su cabellera blanca caia sobre sus hombros, no había ningún viento que la moviera, y sin embargo tenía frío. Cosa extraña en esta época del año. Él sabía que algo andaba mal.

    El frío, siempre era el primer síntoma reconocible, aunque ya indicaba que no había mucho que hacer. La apatía y la inercia ya habían echo mella en su espíritu cuando no era capaz de caminar de noche, su medio natural, sin tener frío; cuando en realidad ya ni si quiera tenía ganas de caminar y los días eran copias unos de otros, las mismas calles los mismos rostros...

    Sentado, observaba la ciudad que se extendía a sus pies, y una sonrisa amarga le recordaba cuanto tiempo hacía que no iba allí, cuanto tiempo hacia que subio solo por última vez, y los distinto que fue, cuanto tiempo hacía queno subía compañado.

    Hacía mucho tiempo ya que había librado, y en cierto modo vencido, aquella batalla contra aquel oscuro dragón de las sombras. Desde entonces, no había habido nada que encendiera su sangre tanto como aquella sensación, la tensión antes del combate final, la lucha, y la victoria... Aunque fuera una victoria relativa. Sí, había conseguido acabar con el, eso era innegable, sin embargo, en uno de los cortes que le hizo la bestia con sus esscamas, una pequeña esquirla había quedado dentro de él. ¿Dolor? Por Dios, no. No se trataba de eso. Ojalá fuera eso. El arma de los dragones de las sombras es mucho más sútil que la sangre y el dolor. La Desesperación, la soledad, el sinsentido, la apatía...

    Desde entonces, se encontraba de cuando en cuando en aquella situación, recaidas cuando la maldición de aquella horrible bestia encontraba un lugar por donde asediarle. Siempre había encontrado la forma de salir adelante. a veces una canción a tiempo, otras veces extraños símbolos lingüisticos descubiertos por casualidad, una mirada entre la multitud o muchas otras situaciones inesperadas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, era observando las estrellas en un cielo nocturno, a veces en silencio, otras escuchando sus susurros y sintiendo la cercanía de mundos lejanos, siempre sintiéndose parte de algo más grande que el mismo.

    Él sabía, que tarde o temprano encontraría la salida a algo que no tenía sentido. Él sabía que las estrellas fugaces son fugaces, y pasan demasiado rápido, por lo que hay que aprovechar cualquier oportunidad para recogerlas. Él es perfectamente consciente de que nada ha cambiado, aunque todo le parezca distinto, o quizás ha cambiado todo, aunque todo sea igual...

    Fuera como fuera, los últimos altibajos parecían haber quebrado su espiritu. Las estrellas ya no calentaban la noche, el fuego resultaba frío, y las risas vacías... Solo pequeños atisbos de luz le hacían creer que, como tantas otras veces, relegaría esa sombra a lo más oscuro de su ser, pues es consciente de que jamás podrá extirparla; pero no podía aferrarse a ellos, eran demasiado temporales, demasiado vacuos, y su mente una excesivamente profunda sima insondable.

    Mirando al suelo, entre sus piernas cruzadas, permaneció estático. No había estrellas esta sempiterna noche sin luna, unas densas nubes oscurecían el firmamente, por lo que no intentaba si quiera contemplarlas. Se sentía extraño en la realidad. Se mantuvo quieto, bajo finas gotas de lluvia que caían perezosamente sobre sus hombros, sabiendo que no debía quedarse esperando, sabiendo que debíalevantrase, irse de allí, y arrancar de nuevo.

    Pero no podía hacerlo.

    Pero faltaba algo.

    Like water, like breath, like rain, like mercy.

     

    shadows

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    El amo del calabozo

    Fizban ha encontrado su sombrero, pero esta vez no lo celebrará con una bola de fuego.
    El cazador sintoniza los sentimientos de Drizzt
    Reorx y Moradin detuvieron el martilleo en sus fraguas
    Thakisis lloró lágrimas negras
    Gilean rompió una pluma al cemprender lo que acababa de escribir.
    Raistlin miró más allá, y una lágrima de sangre surcó su tez dorada
    Mishakal comprende que no podía hacer nada, pero mira sus manos con impotencia y desesperanción
    Aegis Fang voló de vuelta, y se negó a volar de nuevo
    Tas, sonrío con amargura al sentir y comprender la sensación tenebrosa
    Los gigantes de escarcha dejaron de lanzar piedras sobre los enanos
    Los enanos agacharon la cabeza y clavaron las hachas en el suelo
    Pwent, limpió con aire ausente los restos de orco de su armadura
    La explosiones en el Monte Noimporta se detuvieron
    El casielfo se descubrio sintiendo la pérdida de alguien que nunca supo que existía, pero guío en gran medida sus pasos

    El maestro. se había ido

    Requiescat in pacem, Gary Gygax.

    Ojala sigas tirando esos dados de 20

    ultimate_game

    (Imagen propiedad de Randall Munroe, creador del webcomic xkcd. Bajo licencia Creative commons)

    Lord Gary Gygax  

    (Imagen propiedad de Aitor I Eraña, creador del webcomic Freaks. Bajo copyright)

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    The Wiseman

    Habían llegado, todos juntos, siguiendo aquel extraño fenómeno. Habían atravesado arenas y mares, montañas y valles por una corazonada. Algo les había dicho que aquello que observaban era demasiado importante como para dejarlo pasar.

    Por supuesto, habían acertado. No en vano todos sus estudios de astronomía y de las artes esotéricas les habían llevado una vida, como si todo hubiera sido una preparación para ese momento. Quizás llegaron un poco tarde, pero no importó. Nunca llegan tarde, ni pronto, simplemente llegan cuando se lo proponen

    Y ya tocaba volver. Pero no podían volver por donde habían venido. Debían dispersarse y ocultarse para salir de aquel lugar. Uno de ellos decidió dar el rodeo por el Sur, hacia el continente del caballo, para luego volver a su hogar. Otro de ellos, decidió salir por el Norte, hacia las tierras heladas. EL que quedaba, el primero de ellos, dijo que esperaría un poco, que de este modo sería más difícil que les reconocieran.

    Con este plan los otros dos marcharon. El primero, se quito los mantos que denotaban su rango, retiró todo símbolo, en realidad los odiaba, pero no le quedaba otro remedio que soportarlo, envío todas sus pertenencias hasta su hogar, a través del vacío astral, se cubrió con un capa negra, limpió su rostro del largo viaje, se afeitó, toda precaución era poca para pasar desapercibido. Y, aunque había dicho que esperaría, en realidad no eran esos sus planes. Así que recogió su calzado, el de caminar sin rumbo, y se dispuso a ello.

    Echó a andar, hacia el Sureste, siguiendo aquel extraño fenómeno que les había traído hasta este lugar.

    Recorrió cientos de kilómetros, no sabía a donde iba, no sabía que buscaba, ni que esperaba, pero sabía que aún quedaba algo por hacer, que aún le quedaba algo por hacer.

    Al otro la del mar siguió avanzando, el frío se volvió mas intenso, seco. El paisaje, bajo una delgada capa de escarcha, marrón, aunque es cierto que si de noche todos los gatos son pardos, de madrugada aun más

    Por fin, supo que había llegado, un lugar con un tono verde oscuro, para algunos el color de la esperanza, pero no siempre tiene por qué significar algo. Llego a ese lugar, y vio que el cometa estaba ligeramente mas bajo, escuchaba un murmullo, parecido al de una sonrisa, y siguió caminado. Sin rumbo fijo, solo se dejaba llevar por la estela, y por sus botas

    Y de pronto, se descubrió hablando. No con esa necesidad que otras veces retuvo, no con vehemencia ni con miedo, simplemente comenzó a hablar. Cada una de sus palabras fue sencilla, no hubo grandes juramentos ni excentricidades, aunque procuró evitar el hierro en lo posible. Sus palabras no buscaban una respuesta, sin embargo escuchó el murmullo, con atención, aunque tampoco más de la habitual. No se abrieron los cielos, los cerezos retuvieron sus hojas, tampoco sonó ninguna música.

    Sin embargo, todo estaba dicho.

    Sin embargo, todo el viaje anterior ya tuvo sentido, con tan solo esta extraña conversación

    Taim i' ngra leat

     

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    cometa

    Guardian

    Por fin, tras tantos años, lo encontraría. Era un hombre entrado en edad, recio por la vida que llevaba, serio, con su blanca barba bien recortada y muy cuidada. De anchos brazos, y vestido con el inevitable chaleco claro que le permitía moverse con habilidad por la túpida selva. Con un machete de hoja ancha en su poderosa diestra se iba abriendo camino, y unas pesadas y viejas botas protegían sus pies en cada de los innumerables pasos. En su mochila llevaba los libros, documentos y anotaciones que, poco a poco, le habían ido trayendo hasta este lugar. En esta selva, encontraría el antiguo templo, y dentro de este un tesoro tal que no podía calcularse su valor en dinero.

    El día que escuchó por primera vez sobre estas antiguas leyendas no prestó demasiada atención. No parecía realmente importante, otros se encargarían y el tenía otras cosas más importantes en que pensar. Sin embargo, con el tiempo, en la soledad de la noche, empezó a pensar más sobre aquel tesoro. Al principio el interés era puramente académico. Un tesoro maravilloso. Quería conocer su historia, sus secretos, quería poder discernir cuales de las leyendas eran ciertas, y cuales meros cuentos para niños.

    Pero el acercamiento hizo caer la maldición, su alma empezó a codiciarlo. Empezó a desear encontrarlo, y guardarlo para él. Comenzó un arduo entrenamiento. Su vida se dedicó en exclusiva a tan egoista sueño, sin admitirselo jamás a si mismo, y mucho menos a nadie más. Su dedicación era absoluta, sus costumbres cambiaron, su forma de hablar, su forma de andar. siempre alerta, siempre preparado. Su mirada cambio, se hizo más oscura, excepto cuando trabajaba en el que ahora era su destino. Se sentía más fuerte y más vivo que nunca.

    Sin embargo, la noche antes de partir, tuvo un sueño extraño. Un ser envuelto en una capa oscura se le apareció y le hablo. Su voz, melodiosa a la par que meláncolica sería un recuerdo que le acompañaría por siepre. Le habló del gran tesoro, le contó cosas que no podría haber descubierto de otra forma, le mostró el tesoró, aunque también le aseguró que esa no es su verdadera forma. Él se sintió extasiado. Su gran sueño erá puesto a sus pies de una forma sobrenatural que solo confirmaba su existencia. Pero cuando le preguntó por qué, por qué le explicaba todo aquello, la voz cambió, se hizo sería y firme. "sabes todo esto- le dijo -porque la maldición ha caido sobre ti al querer reclamarlo para ti, y quiero salvarte. Si reconoces su verdadera forma, descubrirás que es tanmaravilloso que no querras poseerlo, entenderás mis palabras, y estarás salvado." Cuando se despertó, jugó con su mente lo suficiente para llegar a la conclusión de que el sueño había sido real, que el tesoro existía y que le estaba esperando, al mismo tiempo que recordaba que el no creía en las maldiciones y que su detsino solo lo escribía el mismo.

    Por fin estaba ante el templo. Un templo oculto en lo más recóndito de la selva. Llegar hasta allí había sido duro, era el único que quedaba de la expedición. Aquellos que le acompañaron en un principio ya noe staban con él. Algunos habían muerto, otros desertado. Otros desaparecido, pero parecía que había algo que a él le protegía. Y así, tras varias semanas de extenuante marcha, sobreviviendo de la naturaleza, valiendose de todo s ingenio y d eus valor se encontraba, solo, ante el templo.

    Los enormes bloques de piedra, los simbolos en las puertas y en las paredes, las inmensas estatuas que flanqueaban la entrada. Todo era más maravilloso de lo que hubiera imaginado jamás. Aunque había visto esas imagenes en sueños, que le asediaban por la noche, en antiquísimos pergaminos que había necontrado en sus años de investigación, nada era comparable con estar ahí, de frente, ante la inmensidad del anhelo de toda una vida.

    Entro en el lugar. El templo era pequeño, parecía que el tiempo no hubiera hecho el más mínimo daño a su estructura, ni mucho menos a su esplendor. Entro despacio, por algún motivo que no fue capaz de comprender se descalzó, se quitó la mochila y avanzó, con sus pies desnudos sobre la suave y fría piedra. Y no encontró nada.

    Buscó, buscó y rebuscó. Nada. Desesperado comenzó a pensar que alguien había llegado antes, que se lo habían robado. ¡Había sido engañado! Si hubiera habido algo que hubiera podido romper lo habría roto. fue a su mochila, y destrozó todos los pergaminos, todos los libros, pagina a pagina, con furia, ira y rencor. Empezó a darse de puñetazos con las inocentes paredes, y a gritar con toda su fuerza... Hasta que la deseperación le abrumó, cayó sobre sus rodillas y comenzó a llorar.

    El ser volvió. se acercó a él, le miró, y sopló en su rostro. Él se despertó. La vio. Y cuando iba a hablar, señaló. Y él despertó.

    Se levantó, era de noche, la luz de las estrellas caía sobre el templo, era la hora justa. La luz comenzó a crear extraños y fantásticos dibujos en el aire, atravesando el templo de lado a lado, conecntrandose en un punto, que habría pasado desapaercibido. Y lo vió. Su gran anhelo, lo que él tanto deseaba. A su alcance. Por fin era...

    No. No era suyo. No debía ser suyo. Una sonrisa de amarga felicidad cruzó su rostro. Se levantó, se giró. Freya sonreía.

    Al fin lo había comprendido

    Ik geloof ik u niet wil begrijpen

     

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    One last screen

    La película terminó.

    La gente se levantaba de sus asientos a la vez que se encendían las luces mientras que, en la pantalla, unas letras blancas discurrían, perezosas, hacia arriba.

    Poco a poco la sala iba quedando vacía, manchada de palomitas y de botes de Coca-Cola tirados por el suelo. Según salían podías leer en su cara la opinión de la película o quizás sobre algo que les había ocurrido a ellos mientras la veían. Cuando la última persona salió, un hombre serio, bien vestido, que había venido sin compañía, los créditos aún no habían terminado de pasar

    La sala se había quedado totalmente en silencio excepto por la música que, melancólica, emanaba de los altavoces; iluminada por unas luces que ya no alumbraban a nadie.

    Así que nadie vio que después de los créditos había una pequeña escena. Una escena corta que no cambiaba al final de la película, ni siquiera modificaba el argumento. Simplemente matizaba el final

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    Chance or Destiny

    Por aquel entonces caminaba despacio, sin prisa. Sus pies, en aquel momento, no buscaban otra compañía ni otro destino que sus propias botas. Y caminaba tranquilo, observando en lugar donde se encontraba, mirando hacia atrás de vez en cuando, buscando en el paisaje el recuerdo de quien era; mirando hacia adelante observando los posibles destinos de su viaje sin preocuparse por cuál sería. Se fijaba en los viajeros que se cruzaban con en el camino a veces pidiendo un sorbo de agua, a veces ofreciéndose para ayudarle con el peso.

    Por aquel entonces, en una de las muchas encrucijadas, vio una muchacha triste de mirada franca. Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que se sentara cerca de ella para reponer sus fuerzas, mientras indicaba a otro viajero qué camino debía seguir. Ella le miró y con una extraña sonrisa se acerco a él y le pidió unas sencillas explicaciones sobre el camino que debía tomar. Él no se lo pensó, miró hacia delante y con una sonrisa y palabras escuetas le dio, al menos hasta donde él sabía, las indicaciones que ella quería.

    Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que llevaran en ese momento el mismo camino. Y en un acuerdo tácito decidieron caminar juntos, al menos, durante un corto tiempo. Pero ese tiempo no fue corto, y lo que al principio eran encuentros casuales, se volvieron trayectos premeditados, y se buscaban, y se esperan, para hacer al menos una parte del camino. Si pudierais fijaros en sus huellas descubriríais que no siempre llevaban el mismo camino, que simplemente se entrecruzaban muchas veces, incluso algunas veces caminaban por separado u otras sólo se observaban un par de huellas porque uno llevaba al otro (poco importa quién a quien ya que se dieron ambos casos). Sin embargo poco a poco sus huellas iban haciendo cada vez más paralelas, más cercanas. Cada vez más veces caminaban juntos, y durante más tiempo.

    Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que una noche decidieran terminar con el azar y simplemente caminar juntos. Sus huellas, perfectamente paralelas, hollaban el suelo con una cadencia hipnótica. Sin detenerse, decidiendo con una simple mirada, con una corta palabra, que bifurcación tomar, que destino seguir. Fue un tiempo lleno de momentos que jamás ninguno de los dos olvidaría. Fue un recorrido tan agradable... que no había nada de lo que lamentarse, ninguna decisión mal tomada. Cierto es que algunas noches durmieron al raso, que algunos días tuvieron que racionar la comida, que a veces el frío atería los huesos o que en ocasiones el Sol, derramando un calor de justicia, secaba y acartonaba su piel. Sin embargo, esto no hacía sino hacer más interesante el viaje. Incluso aquella noche que ella se perdió sería un tierno recuerdo sus ojos.

    Mas finalmente, ya fuera casualidad o destino, los pasos de él comenzaron a alejarse sin que pudiera explicar, ni siquiera sí mismo, por qué. Ella mantenía el rumbo que habían decidido seguir hacía tiempo, pero él, para su desesperación, veía como sus pasos se iban alejando. Y a veces, tras recuperar el rumbo y tener esa agradable sensación de hogar, se encontraba perdido...

    Finalmente, en una extraña noche, sus huellas terminaron por separarse, tomaron bifurcaciones distintas. Ella, intentando mantener la sonrisa, se alegraba de que hubiera existido el camino. Él, sin permitirse mirar al cielo, no en esta noche, miró al suelo y continuó su camino.

    Ojalá que sus caminos vuelvan a entrecruzarse como lo hacían al principio.

    Είναι θαυμάσιο να είναι με σας

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    Almost awake

    La criatura dormía.

    Sus ojos cerrados, su sueño plácido y tranquilo. El silencio, la oscuridad y la calma le velaban. El sueño era hermoso, jamás existió uno tan alejado de una pesadilla. Jamás sueño ninguno sería recordado con tanto detalle una vez que despertara; porque por muy maravilloso que fuera tarde temprano despertaría, se levantaría con cara de tonto, y, con el pelo revuelto, desayunaría un desayuno cargado de melancolía al descubrir que tan solo fue un sueño. Y saldría a la calle, a la gris realidad.

    Y la verdad es que poco a poco su sueño se hacía más ligero, se removía en su lecho y hablaba en sueños. Parecía muy probable que pronto despertara. Despertar que le devolvería a la realidad, a sus quehaceres habituales, durante un día más, hasta la llegada de otra noche en la que soñaría con algo totalmente distinto, si es que llegara a soñar, aunque seguro que dormirá.

     

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    Ollos de Nia

    Creo que era invierno. Seguro que era de noche. La luna brillaba, creo que llena, porque no recuerdo estrellas. Esa noche fue el comienzo, esa noche vi sus ojos por primera vez. No podría haber adivinado las consecuencias aquella noche.

    Entre risas y silencios vi brillar esos ojos. Millones de reflejos, millones de matices. Quizás era el reflejo de la luna, aquella luna dibujaba y pintada.

    Poco a poco las risas fueron ganando terreno. Poco a poco la confianza comenzó a brillar en esos ojos. Tanto que también me mostraron la amargura, la impotencia frente a los avatares de la vida y el destino; tardes tristes, de luz cronometrada e incómodos asientos. Pero también había tardes llenas de Sol, jugadas de rugby y sabores exóticos. Tardes de sombra de árbol y gente dando vueltas. Tardes en las que la amistad, la alegría encendía sus ojos y parecía capaz de ver de noche.

    Más tarde llegaron las tardes con obligaciones. Tardes cronometradas y organizadas. De calor y de IKEA. Y esos ojos brillaban, mostraban prisa por que corriera el tiempo para llegar a la comodidad y a las palabras con hombro.

    Y el brillo cambió, durante un tiempo se hizo cálido, puede que incluso más de lo que debería, incluso ilegal y peligroso

    También hubo una noche de brazos y sal; azulejos y compañía. Y el brillo de sus ojos, os ollos de Nia, brillaron con tal intensidad que no sólo trasmitían tristeza sino que la compartían, la creaban en mi interior, aunque fuera una tristeza llena de buenos presagios.

    Volvieron las tardes, las tardes con obligaciones en las que surgió la vorágine: el brillo cambió de nuevo, y volví a leer en sus ojos, pero esta vez había grandes dosis de desconfianza, de ira, desprecio que crecían con el que... ¿Quién podría imaginar lo que ocurría? trajeron insomnio y dudas; desesperación y lucha, y finalmente, rendición.

    Esos ojos se cerraron, dejaron de iluminarme. Cuando volví a verlos, no eran los mismos. Opacos, brillaban en todas las direcciones pero para mí estaban vedados. Y la tristeza se fusionó con la tranquilidad; la tristeza de la pérdida con la tranquilidad de lo normal.

    Sin embargo hace poco, en una noche prohibida de sueño y oscuridad, donde no podía ver esos ojos; volvieron a brillar iluminandome.

    Y ahora, después de tanto tiempo, quieren ponerte gafas de sol, dirigirte como a los caballos centrando tu mirada. Y yo dudo. Dudo y me estremezco ante lo inverosímil, lo increíble, lo impredecible, lo sorprendente.

    Quizás me equivoqué al juzgar. Quizás...

    ¿Seguro que quieres jugar?

    &KPTM

     

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    Harper

    El estudiante necesitó salir. Necesitaba respirar el aire de la calle aunque fuera frío. Además, ya casi estaba perdiendo la costumbre. Dudó si abrigarse o no, pero pensó que el frío, si no era excesivo, le vendría bien. Así que con un quedo 'hasta luego' al pasar por delante de la cocina, bajó a la calle, con destino, el que desearan su playeras (pues no había tenido ganas de ponerses botas)

    El cazador tomó forma, sabía dónde podía encontrar a su preso y se dirigió hacia los leones. Allí, con el manto oscuro de la noche envolviendole, llegó junto al escritor, en silencio, sin alertarle. Consiguiendo que este no le escuchara, miro a su alrededor, buscando su presa, mas no la encontró. Alguien había llegado antes, y se la había llevado.

    El pensador deambulaba, como tantas otras veces, aunque hacia mucho desde la última, sin prisa. Meditaba sobre el tiempo, la eternidad, la mortalidad, las piedras, el ambiente de esta parte de la ciudad, el espiritu y la identidad de la ciudad. Pensaba en la gente con la que se cruzaba, y en algunos casos, sin poder evitarlo, se sentía superior a ellos

    Alguien, no sabemos quien, caminaba entre las piedras, humedas por la reciente lluvia escasa y antiguas, muy antiguas, cuando notó la vibración. Sus pasos se dirigieron a aquel lugar, antes del emblema. Apoyó su espalda contra la pared y una gran luminosidad cegó sus ojos.

    Con sus ojos cegados empezó a ver imagenes.

    Damas y caballeros que bailaban al son de esa ancestral música. Vetsidos fastuosos y trajes de la nobleza. Un tiempo perdido que ya no volvería.

    Las cuerdas, entre la madera, vibraban, iban y venian, con la armonía del caos controlado por la entropia

    Una risa reciente se volvió la más dulce de las drogas y desencadenó de nuevo aquel imposible y maldito relámpago verde anguloso que cruzó su noche cuando surgió aquella pregunta que trataba de definir la bruma.

    Las manos se movían, hipnóticas, su retina acusaba el resplandor que lo había cegado, y sin embargo no podía apartar su mirada

    Vio aquella mariposa, aterrada por la oscuridad, que habia llegado demasaido pronto. Y él no sabía si temía o deseaba que no fuera tan sólo un eclipse

    Las manos continuaban su viaje, arrancando las notas de aquellas cuerdas, tantas que no se moelstó en contarlas, tampoco tenía sentido

    Recordó la mordedura del vampiro, aquello que introdujo la bestia, que de momento estaba controlada, ¿Pero quien sabe si volvería a surgir? ...todavía escocía...

    La música rompió las barreras, el tiempo y el espacio ya no existían, tan solo la música, esas manos volando sobre las cuerdas con una cadencia hechizante.

    Recordó a aquella dama del Toboso, a aquella Egipcia. Vidas dispares que fueron separadadas en cierto modo definitavemnte, en cierto modo aún continuaban unidas

    Finalmente, con la música aun reverberando sobre las piedras, con la noche detenida en silencio, escuchando, sus pies comenzaron a caminar, lentamente, de vuelta, sin prisa pero sin pausa, como el calabobos

    Celles-ci sont les circonstances, mais, Qui je suis?  

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    Saudade

    Las dos niñas, tumbadas en la hierba, disfrutaban del Sol de primavera nombrando las nubes según aparecían, discutían alguna forma, y reían de nada. Y es que el tiempo no importaba. Y la tarde fue discurriendo entre amistad risas y ternura.

    Empezaba a hacer frío, y había que moverse. Jugando a pillar, siempre riendo, salieron del valle y entraron en el bosque. Un bosque tranquilo, silencioso en su justa medida. Jugaron a esconderse, la pequeña salió corriendo mientras la mayor contaba 1, 2, 3...

    ...40, 41 y... ¡42! Sonriendo, saltando entre los árboles comenzó a buscarla. Aún tenían tiempo para volver a casa así que no había prisa. Pero la noche fue cayendo sobre el bosque.

    Empezó a ponerse nerviosa... cada vez veía menos y saltaba cuando algo pasaba cerca de ella, aunque fuera una ardilla que iba a dormir. El silencio se hacía cada vez más opresivo según los animales diurnos dormían y los nocturnos usaban el silencio para cazar sin ser vistos. Para desgarrar a sus presas en un descuido. Las ramas crujían bajo sus pies. Pronto empezó a saltar incluso aunque no pasara nada junto a ella. Empezó a sentir dedos gélidos que la rozaban, y solo era el frío, o incluso su propia imaginación... y poco a poco una idea iba tomando forma en su mente... una idea en la que no quería pensar.

    Llegó al círculo de piedra. La Luna llena tapada por una nube derramaba una luz tenebrosa, un ambiente fantasmal, un silencio tétrico recorría las piedras, como un depredador, al acecho de cualquier ruido para acallarlo. Su adrenalina hacía que su corazón latiera demasiado rápido, sus pupilas, dilatas por un creciente terror, le hacían ver prácticamente como si aún fuera el atardecer; su mente distorsionaba las sombras hasta convertirlas en sus miedos, aquellos que ni si quiera ella sabía que le aterraban.

    La nube dejó un jirón de claridad a través de la cual pasó la luz de la Luna llena, iluminando el centro del círculo donde estaba la pequeña. A punto de llorar de puro alivio, se acerco corriendo llamándola por el nombre que ella utilizaba. Por fin llegó, la abrazó con fuerza y le habló... le cogió de la mano y echaron a andar hacia su casa...

    Pero su mano estaba fría... su mirada, perdida... caminaba maquinalmente... Y cuando le miró a los ojos solo descubrió unos ojos fríos, carentes de vida. Y entonces ese pensamiento que le atormentaba sin saber cual era tomo forma, de un golpe seco, se instaló en su mente, dejándola sin aire.

    ...estás sola...

    Y corrió, corrió como nunca había corrido, como nunca volvería a correr, llorando de puro pánico sin ver si quiera el camino que seguía.

    ...sola...

    Die schlimste art von einsamkeit ist: Das die, die du libst sich in sich selbst schlisst und du sie nicht reichen kannst

     

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    Afterwars

    Durante el siglo 31, cuando la gran guerra estaba en su apogeo (o eso creían, la verdad es que nadie era capaz de imaginar el alcance que tendría) un grupo de científicos decidió, bajo los auspicios del gobierno, utilizar todos los conocimientos de la ciencia humana: genética, biónica, micromedicina, nanobótica y otras muchas, con el propósito de dotar a nuestros soldados de una gran fuerza, mejor visibilidad, mayor agilidad... En definitiva, hacer de ellos unos súpersoldados, aumentar sus posibilidades de supervivencia, y por ende, de toda la raza humana.

    Durante el cuadragésimo primer milenio, esos implantes y modificaciones se mostraron como una gran ayuda, puede que hayamos llegado al día de hoy gracias a ellos. Aunque, en honor a la verdad, hay que decir que algunos de esos implantes no funcionaron, otros solo funcionaron en unos y no en otros, lo que por otra parte llevo a la disgregación del gran ejercito en diferentes capítulos, lo cual llevo inevitablemente a luchas políticas y rencillas internas, pero eso no es lo que ahora nos ocupa.

    El caso es que algunas de esas modificaciones consiguieron introducirse en el código genético de los mismos soldados. Nadie hubo imaginado que podría llegar así, pero el ADN asumió algunas de esas modificaciones, e incluso las cambió.

    Y así, años después de que la guerra terminara los descendientes de los grandes guerreros se han constituido como una raza distinta, y es posible que en algunos cientos de años, sean como una especie distinta, de ellos dependerá, de su orgullo y de su vanidad.

    Y uno de los implantes que más problemas sigue causando es el "Nodo catalepsiano". Al principio su utilidad y funcionalidad era sorprendente. Permitía al soldado dormir "por partes" de modo que iba desactivando cíclicamente porciones del cerebro, y se mantenía consciente del entorno, lo que, aunque no podía suplir durante excesivo tiempo al sueño natural, ciertamente mejoraba la capacidad del soldado para resistir la fatiga.

    Sin embargo, al final el cerebro asimiló esa nueva funcionalidad, y la fue modificando. Al principio nadie se preocupo demasiado, era sabido que la mayoría de los soldados no sobrevivían su primera década de la guerra, así que esto no causaba excesivos problemas. Pero una vez que la guerra terminó, ya resultaba imposible recuperarlo. Sus efectos a corto plazo fueron devastadores, cada cerebro con la modificación asimilada reaccionó frente a esta de forma distinta. Muchos murieron por falta de sueño, otros perdieron capacidades motoras o mentales porque partes de sus cerebros entraban en coma. Otros directamente entraban en coma durante periodos de muchos años para despertar de repente y sin avisar, algo parecido a lo que antiguamente se conocía como narcolepsia (ruego por que ninguno de los considerados caídos sufriera de este mal).

    Finalmente los cerebros se adaptaron, y casi todos confluyeron en una conciencia dual, pero sin ser esquizofrenia, seguía siendo tan solo una persona. Ellos llevaban su vida con bastante normalidad, simplemente de vez en cuando una de las dos mentes dormía y la otra se mantenía despierta, y los momentos en que ambas mentes estaban despiertas resultaba en una capacidad mental sobrehumana, hasta el punto de que se había gente que les contrataba como científicos tan solo esperando esos 10 o 20 días al año que ambas mentes coincidían despiertas durante tiempo suficiente como para provocar grandes cambios en la ciencia, las artes o en cualquier rama en la que estuvieran especializados.

    Sin embargo, siempre estaban despiertos. Siempre una de las dos mentes estaba consciente, y a veces se les veía sufrir, su cerebro seguía siendo humano, y el no poder entrar en los ciclos del sueño por completo no resultaba fácil para ninguno de ellos. Permanentemente insomnes, condenados a que cada mitad de su conciencia dual durmiera siempre alejada de la otra, les reportaba, en el peor de los casos, ciertas enfermedades psicológicas que ningún psicólogo puede tratar; y en el mejor de los casos, migrañas, vértigos, mareos, inmunosupresión y demás males menores.

    Y he aquí la importancia de este descubrimiento, ya que nada podían hacer los biomecanurologos por solucionarlo (y también es cierto que mucha gente, incluso ellos mismos, consideraban que era preferible continuar así) excepto extirpar medio cerebro, cosa que no llevaría a ninguna parte, ya que como hemos afirmado antes a día de hoy el nodo está incluido en el genoma.

    Anoche decidí invocar esta reunión porque por primera vez un cicloléptico ha dormido como un ser humano normal, sin cirugía ni psicofármacos. Simplemente durmió. Llego diciendo que se encontraba muy cansado, le pusimos en observación, y como se puede observar por las ondas alfa del electro ha dormido completamente durante varias horas. Cuando despertó preguntó que qué le había ocurrido, se lo explicamos y afirmo que se encontraba como nunca. Que si eso era dormir desearía poder repetirlo. Y además una hora después entró en confluencia mental sinérgica y aun sigue en ese estado, aunque remitiendo.

    No sabemos cuando volverá a ocurrir, si mañana, o dentro de dos meses, pero las dos conciencias de un cicloléptico durmieron juntas por primera vez.

     

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    Arenas

    Un sol de justicia ilumina las arenas. El calor resultaría insoportable si hubiera alguien para soportarlo, pero no es así. Ninguna persona, ningún animal hollan la perfectamente lisa arena. Tan solo el viento, en muy contadas ocasiones, osa levantarse y remover las arenas moviendo de un lugar a otro las dunas. Luego, en la noche ni una sola nube cubre el firmamento y el calor escapa como espantado por un terrible enemigo. El frío resulta igualmente insoportable. La arena, clara y fina quemaría los pies de aquel que se atreviera a pisarla durante el día. Su color, verdoso según algunos, resulta extraño, pero en si misma es un arena extraña.

    Y, en el borde de este desierto, la arena cae. Cae en la parte superior de un pequeño reloj de arena. La arena atraviesa lentamente el reloj, como si este quisiera saborear cada pequeño grano antes de dejarlo escapar. Y al caer abajo se hace mucho más pequeño, para dejar sitio a todos los demás que caerán. O no.

    Pero ese lento caer, silencioso e imperceptible, ese conocimiento de que algún día dejará de ocurrir, da sentido al reloj en si mismo, ¿Para qué valdría si no? El cristal se agrietaría, las diferenvcias de temperatura lo combarían y lo quebrarían si estuviera allí siempre. La arena simplemente seguirá cayendo mientras siga cayendo. Y no será muhco tiempo ni poco, simplemente será su sentido en si mismo

    No hay forma de saber cuanto tiempo queda. Nadie sabe cuando la arena dejará de caer, ya que el desierto siempre tendrá arena, simplemente un día dejará de desbordar. Tampoco hay forma de esperar que el hueco de abajo se llene, pues el tamaño de la arena allí contenida cambia, de modo que siempre parece que aun queda mucho espacio. Como de hecho es.

    Simplemente es una certeza. Una certeza agridulce, incomoda y agradable al mismo tiempo. Algún día esa arena dejará de caer

    This time it doesn't run out between his fingers

     

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    BSO

    El encuadre era perfecto.

    Él camina abrigado bajo la lluvia, lentamente, acompañando por y acompañado por ella. Su conversación, temas intrascendentes. Su destino, ninguno, excepto el que desearan sus pies. La expresividad de ella contrasta con la tranquila serenidad de él. El, ligeramente más alto. Algunos viandantes se cruzan con ellos, sin mirarles. Pasan desapercibidos en la normalidad que suponen.

    El decorado el habitual. Calles antiguas, humedas por la lluvia que cae sin prisa en ese momento. La luz, escasa por la hora y la estación del año. Si se les observara parecería que, ajenos al mundo, vagan por la ciudad sin más compañía que la que ellos mismos se dan.

    Poco a poco la inevitable música entra en escena. Él sonríe, como si esperara algo, mientras la música va subiendo de volumen. Se paran. Se apoyan en una columna bajo unos soportales que les protegen, innecesariamente, de la lluvia, que cae con pereza. Se mantienen en silencio mientras la música ocupa la atención del espectador.

    La camara les coge en varias tomas. Recoge también alguna imagen de aquellos que se cruzan con ellos, de sus expresiones de absoluta y total indiferencia, como si no comprendieran, o como si comprendieran demasiado, o quizás todo lo contrario.

    Cruzan alguna palabra más, una sonrisa complice, y una mirada que comunica más de lo que podrían decir

    Sin duda, una escena digna de los premios de la academia (o de alguno que realmente mereciera la pena)

    Pero nunca recibirá ningún premio. El guíon no existe. El decorado es real. Los efectos especiales son naturales. No es ninguna pelicula.

    Cuando se van de allí, él busca un rostro con la mirada. Le ve, y temiendo desconcentrarle le hace un leve gesto de reconocimiento y agradecimiento.

    Cuando él y ella se han ido, el músico sigue tocando

     

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    2+2=5

    El marino observaba con resignación el implacable oceano. Sus ojos, despiertos, denotaban su tranquilo abatimiento. El viento seguía en calma; tan solo una suave brisa ondulaba ligeramente la límpida superficie cristalina. Nada que ver con aquellos grandes vendavales, tormentas que erguían el alma y que estaba acostumbrado a seguir. Esas tormentas, de fuerza devastadora, las que obligaban a luchar para no sucumbir bajo su fuerza, siempre habían impulsado su pequeño barco.

    Sin poder evitarlo, alguna vez recordaba el último huracán, el que le trajo a este puerto entre lágrimas de frustación y de felicidad. Ese recuerdo, esa tomenta perviviría por siempre en su alma, mas no la añoraba. Así debía ser.

    Sin embargo, llevaba mucho tiempo anclado en ese cabo, oteando el horizonte.

    Al principio no era moelsto, le gustaba este lugar, este puerto, y no precisaba mas que aquello que descubría desde su acantilado. Sin embargo con el tiempo y la inmovilidad Wanderlust volvió. Mientras dormía susurraba pañabras en la distancia; paraisos desiertos, lugares ensoñados, magia... Wanderlust, sin estar nunca con él, acosaba sus sueños, le mostraba como conjurar los vientos, le instaba a saltar del acantilado y nadar buscando esas playas, le conminaba viajar, le enseñaba no estaban tan lejos. Y él, aunque no lo deseaba, escuchaba su voz. A veces deseaba dejarse llevar por esas falsas promesas, pero en el fondo comprendía que hay que llegar teniendo tino, que no es el camino, si no el caminar

    Consiguió vencer, controlar sus deseos y los inducidos, esperando el momento en que la tormenta fuera natural, auqella tormenta que, como todas las anteriores, presentía que sería la última, la que le llevaría tan lejos que olvidaría todos aquellos puertos y lugares. La tormenta perfecta.

    Hasta que llegó aquella noche, y en aquella noche aquel sueño. Soñó con circunflejos, soñó con una risa blanca. Soñó que Wanderlust desaparecía de su lado y dejaba a su lado una calma amarilla. Despertó relajado, y supo que a la noche siguiente partiría

    Tras un día lleno de preparativos, llegó la noche. Y se fijó en la brisa que soplaba tras él. Una brisa tranquila, pausada con un aroma dulce pero fresco que le transmitía tranquilidad, paz.

    Supo entonces que había llegado el momento, que aquella brisa sería más segura que aquellos vendavales. Hizó la vela que tanto tiempo llevaba recogida, aquella que serviría para recoger lo mejor posible una suave brisa. Izó su estandarte, el fenix que volaba bajo un cielo estrellado, y se hizo a la mar. Seguro y tranquilo, aunque preguntándose a donde le llevaría este viaje

    Fijó su vista en las estrellas, como hacía siempre que se sentía desasoegado, vió esa estrella que derramaba una suave luz sobre sus hombros, y murmuró unas palabras que nadie escuchó, pero que fueron comprendidas.

     

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    Reflejos

    Una vez más pasó por delante de aquel espejo. Una vez más se detuvo delante. Y observo el extraño reflejo, un reflejo no creado por luz, que iba mucho más allá que ninguna otra imagen.

    Sin embargo, esta vez, al observar aquel ser que veía al otro lado del espejo, sintió miedo. Por primera vez sintió más real al reflejo que a sí mismo, y empezó a preguntarse si no sería él el reflejo. El otro parecía más real, incluso aquellas cosas comunes parecían más reales y con mas sentido desde la perspectiva del otro lado del espejo.

    Se preguntaba si ese vacío que sentía se debía a que no era real, al menos no más real que aquel reflejo, o si se debía a un vacio existencial que debía llenar. Si no era real, si no era más real que el reflejo de Elune sobre las aguas del lago, entonces, ¿Qué sentido tenía nada?. Si al final desaparecería, si solo existía cuando aquel se reflejaba, ¿A dónde llevaban sus esfuerzos?

    Así, con tan duras meditaciones sobre su existencia y la cruel dualidad del espejo, se planteó comenzar un camino. Si no era más real que aquel, lo sería. Le daría el sentido que necesitaba a sentir en su vida para sabrse vivo. Aquel científico le recordó, sin proponerselo, sus mismos deseos. Y entre aquellos que le rodeaban brillaban luces que le iluminarían.

    Esto requeriría grandes esfuerzos y sacrificios, caminar por el desierto de la oscurdad eterna durante demasiado tiempo, y lo que más le asustaba ahora mismo era si esa luz era real, o un espejismo creado por la necesidad de la misma.

     

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    Luz

    ¿Cuantas posibilidades hay de que dos rayos de luz sean paralelos? En un universo tridimensional resulta en realidad practicamente imposible, digamos, una posibilidad entre 360^3.Y si además tenemos en cuenta que hay un punto de la realidad que recibe la luminosidad de ambos rayos resulta prácticamente imposible que sean paralelos (necesitaríamos una maquina de improbabilidad infinita para conseguirlo).

    Ahora, tenemos dos rayos de luz en el universo, que comenzaron en lugares muy diferentes, incluso en tiempos diferentes, ambos rayos iluminan en parte un pequeño y apartado punto en el universo, pero nunca llegaron a juntarse... Hasta ahora.

    Por los avatares del destino ambos rayos confluyeron en un punto, un punto indeterminado de la realidad, donde se cruzaron durante un tiempo que en realidad, comparado con la eternidad, no será mas que un diferencial de t.

    Y cuando esas dos luces tan diferentes se cruzarón en un unico punto de la realidad hubo un estallido de luz y de color que sin embargo estaba lleno de paz y tranquilidad, una aurora boreal de color octarino que hizo desaparecer el tiempo y el espacio.

    El trovador errante miró el cielo y se sintió tranquilo, por fin el universo tenía sentido, o quizás simplemente no le importaba no entenderlo.

    Quisalan elevas

     

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    Probabilidades

    Un destello metálico surcó la habitación. Chocó contra el madera de la pared y se hizo añicos. Al suelo calleron los pedazos, trozos de cristal, madera, metal, y la aguja, que ya nunca señalaría ninguna dirección.

    Al otro extremo de la pared un hombre observava furioso el mar, de espaldas a la brujula recien destrozada. Ante sus ojos los Acantilados de Despair; infranqueables, se erguían sobre el mar agitado y mostraban su imponente cuerpo a tarvés de la bruma. El viento silbaba como riéndose de él.

    Una vez más, había llegado hasta un lugar del que nopodía continuar y debía desandar el cámino. Una vez más la brújula le había traicionado, una vez más debía alejarse del lugar a donde quería llegar... Esos malditos cacharros. Pero dependía de una para poder navegar, y ya no sbaía que hacer. Las había probado todas, pero resultaron inutiles. Las había que señalaban el Norte, pero, ¿Para qué te valía si debías encontrar tu propio camino? Había otras que señalaban el destino, pero los destinos en linea recta acaban siempre con un lugar que no se podía atravesar de ninguna manera y había que retroceder.

    Y  esta última no señalaba el destino, si no la ruta para alcanzarlo, sin embargo el mar y la naturaleza son cambiantes, tanto que cuando la ruta no era impracticable por su dificultad, lo era por problemas logísticos, o si no por la modificación del camino, o por el ánimo cambiante del mismo marino que descubría que en realidad no merecía la pena tanto esfuerzo...

    Una vez más debería desandar el camino, retroceder hasta el comienzo y buscar una nueva ruta, sin embargo ya ninguna de las brújulas podría ayudarle, ya no creía en ellas ni en las cartas de navegación... todas ellas fijas, o demasiado directas

    Esa noche, como todas, cuando logró dormirse tuvo un sueño agitado e intranquilo, desesperanzador, lleno de pesadillas, de caminos imposibles, de ruido y de caos... Caos, desorden... y tuvo una idea

    Se despertó de repente, sin ese molesto tiempo en que tu mente esta despertando cuando tu cuerpo ya lo ha hecho; con la lucidez inmediata del que de pronto se da cuenta de que sabe algo que unos instantes antes ni si quiera imaginaba Recordó las antiguas leyendas sobre una brújula que todos los marinos desdeñaban porque no era capaz de marcar una dirección, pero que aquel que la utilizó hace tantos años aseguraba que jamás encontraría una mejor. Él la tenía, pero hasta este momento no le había encontrado utilidad; de hecho hasta este instante nunca pensó de que se tratara una brujula, probablemente la mejor que tendría jamás, así como la más extraña.

    La rescató entre todos los artilugios extraño que su caminar errante le habían hecho guardar. estaba en un apequeña caja de madera con un extraño símbolo sobre la tapa que debería ser alguna letra de algun idioma antiguo o secreto. La abrío y en su interior ninguna flecha, ninguna rumbo, ninguna ruta. Tan solo numeros, fluctuando, en una aparente vorágine caótica y sin sentido. Le llevaría mucho tiempo y muchas busquedas aprender a interpretarla correctamente, sin embargo, merecía la pena. Por fin había descubierto el secreto de la mejor brújula del mundo, la que siempre dejaba una alternativa, tra posibilidad, la que aseguraba que se podía seguir caminando sin retroceder cambiando ligeramente el destino aparente, para ocseguir llegar a donde él quisiera.

    No señalaba una ruta, solo una probabilidad

    Quien solo busca la salida, no llegará jamás a comprender y admirar el laberinto

     

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    Karina

    La tarde había sido una como tantas, sin nada especial que contar, y la noche, llegando a su fin, parecía que acabaría del mismo modo.

    La Luna llena resplandecía de ese modo que solo puede ocurrir cuando esta cubierta por nubes y parece que no se resigna a no ser vista. En la calle hacía frío y aunque a él le gustaba sentirlo, se encontraba en el interior de la estancia porque sabía que en ese momento procedía.

    Se había decidido a irse, el tiempo no espera a nadie, el día siguiente sería un día largo, tanto para él como para quienes con él estaban, y no deseaba ser molestia. Se estaba despidiendo mientras las risas resonaban en la estancia, y entonces, sucedió.

    La mujer abrió el baúl, en su presencia, para compartir el interior con él. Uno mucho más agradable que el de Pandora. Un baúl, cofre, caja… no importa la forma que coja en un momento preciso (de hecho en este caso no tenía ninguna de esas) y en muchos casos no es más que una idea que fluye entre los que están allí.

    Y en su interior… en su interior vuelan hadas y ríen ángeles. En su interior las peores intenciones se ven como algo digno y desde otra perspectiva. Los sueños son reales. Y los tesoros que contienen, sin ningún valor material son tan valiosos como una vida misma, incluso a veces son tal. En su interior todo es perfecto, como cuando finalmente tan solo recordar lo mejor.

    Él… él sabía que no merecía el regalo que le estaban haciendo, haciéndole participe de esos tesoros, mostrando una vida de la que él no era parte, pero haciéndole parte de la misma; y sin embargo lo aceptaba como un regalo, como aquel que recibió los honores de Solamnia. Aunque no era la primera vez que ocurría, ese momento fue especial para él. Se dio cuenta de lo que, al menos para él y puede que para alguien más significaba. Vivió ese momento como algo más real que los motivos que le impulsaban a seguir errante por el mundo (pero no perdido) y que le hacían más parte si cabe de algo de lo que ya se sentía….

    Se encontró escuchando palabras que hacía muy poco tiempo no habría soñado escuchar con naturalidad, y que aún le sorprendía. Se encontró hablando con la naturalidad y la tranquilidad que solo la confianza y el sentirse parte puede conceder. Se encontró recordando recuerdos que no le pertenecían, porque así lo deseaban y habando de esas cosas que uno no suele decir… Una vez más se encontró en esa tierra al Norte del tiempo.

    Finalmente el hechizo terminó, el tiempo llamó a su mente de vuelta al presente y a lo que los necios llaman realidad. Se fue, mientras repasaba aquellos maravillosos tesoros en su mente y deseaba que este final no hubiera llegado.

    Elen sila lumen omentielmo

     

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    Catching Dreams

    El trovador errante camina despacio, bajo una Luna excesivamente luminosa para sus planes, y prácticamente resignado a no poder cumplirlos y tener que esperar otro ciclo antes de volver a intentarlo. No era un triste acontecimiento, debido a las circunstancias, aunque sería mentira asegurar que no le fastidiaba.

    Sin embargo, por un providencial mensajero, supo que sí sería posible, y la noche brilló con más intensidad. Cuando se paró a pensarlo se dio cuenta de lo extraño que había sido el , pero finalmente estaba allí.

    Ahora, relajado, observaba con atención el cielo estrellado. Era la noche en la que por el firmamento surcaba la esencia misma de los sueños, capaz de hacerlos realidad. Varias veces lo vio pasar. Él, sin prisa, esperando el momento de actuar simplemente disfrutaba del espectáculo, de la compañía, de la magia del momento.

    Finalmente la vio; esa luz brillaba en el cielo. No era la más grande, ni la más pequeña, ni la mas ni menos brillante, ni las más rápida tampoco. En realidad no tenía nada de especial, simplemente era la apropiada. En ella imprimió cual si fuera un grabado el deseo que anhegaba su alma. Tan solo uno. Pedir más haría que alguno quedara sin hacerse realidad, y para él, con ese sería suficiente. Cerró los ojos, completó el ritual y formuló su deseo.

    ¿Se haría realidad? Obviamente deseaba que sí. Pero solo ella podría decírselo, si alguna vez lo comprendía.

     

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    La brújula

    Levantó la tapa. Esperaba, como siempre, ver girar la aguja hacia ninguna dirección en particular. Y su esperanza no se frustró en esta ocasión. 360º, 21600’ de dudas y de indecisión. Llevaba así tanto tiempo... ya no podía recordar... En realidad, llevaba así desde antes de conseguir la brújula (es una historia que quizás merezca la pena contar en otro momento, pero no ahora). Cuando por fin la encontró creía que su vida estaría solucionada, pero no fue así. La maldita brújula jamás había señalado a ningún punto en concreto, un poco en una dirección, un poco en otra, y hacia ningún lugar al final. Cerró la brújula, se sentó en el coche, su muñeca hizo el giro mecánico al que estaba acostumbrado, un gesto con la melancolía de un buque varado o del barco con un capitán sin rumbo.

    Después vino la noche, aquella noche fría... Volvió a ese lugar, alto, desde donde divisaba toda la ciudad, con las amarillentas luces iluminando, aunque poco a poco las iban cambiando por esas horribles luces, frías de puro blanco, de bajo consumo. Se tumbó sobre el estrecho arco mientras en sus oídos sonaban los nostálgicos acordes de una triste canción de aquella actriz de Titanic en formato mp3. La luna, probablemente menguante, o quizás creciente, oculta tras las nubes. Como tantas otras veces en el pasado se dejó llevar (¿Cuánto tiempo hacía desde la última vez?). Aquellos años en los que era capaz de mover las nubes a su antojo y se cobijaba tras una larga capa negra, ¿Por qué había vuelto aquí? Su mente seguía divagando, desvariando, desintegrando, entre sonrisas melancólicas, agradables recuerdos...

    Abrió los ojos. El cielo estaba despejado, la luna, nueva, no ocultaba ninguna de las estrellas (aunque de eso se encargaba la contaminación lumínica, aunque en este lugar no era demasiada). El reproductor de mp3 se mantuvo en silencio cuando intento ponerlo en marcha y se dio cuenta de que se había quedado sin pilas. Asustado, se dio cuenta de que se había quedado dormido, asustado porque el mas mínimo giro le habría hecho caer cinco metros y ya estaba mayor para esos golpes.

    De pronto tuvo una certeza. Abrió la brújula y vio que señalaba en una única dirección. Una sonrisa amarga cruzó su rostro. Pensando sobre esta revelación caminó con cuidado, los habituales, pero mucho menos ágiles que antaño, saltos le llevaron al suelo y bajó las mas de doscientas escaleras que le separaban del coche. Pensando que se achica el mundo más se encaminó con el relajante sonido suave del motor del coche en sus oídos hacía el hotel.

    ¿Qué hay mas amargo? ¿No conocer el rumbo o no desearlo?

    Stat rosa pristina nomine, nomine nuda tenemus.

     

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