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日志


Guardian

Por fin, tras tantos años, lo encontraría. Era un hombre entrado en edad, recio por la vida que llevaba, serio, con su blanca barba bien recortada y muy cuidada. De anchos brazos, y vestido con el inevitable chaleco claro que le permitía moverse con habilidad por la túpida selva. Con un machete de hoja ancha en su poderosa diestra se iba abriendo camino, y unas pesadas y viejas botas protegían sus pies en cada de los innumerables pasos. En su mochila llevaba los libros, documentos y anotaciones que, poco a poco, le habían ido trayendo hasta este lugar. En esta selva, encontraría el antiguo templo, y dentro de este un tesoro tal que no podía calcularse su valor en dinero.

El día que escuchó por primera vez sobre estas antiguas leyendas no prestó demasiada atención. No parecía realmente importante, otros se encargarían y el tenía otras cosas más importantes en que pensar. Sin embargo, con el tiempo, en la soledad de la noche, empezó a pensar más sobre aquel tesoro. Al principio el interés era puramente académico. Un tesoro maravilloso. Quería conocer su historia, sus secretos, quería poder discernir cuales de las leyendas eran ciertas, y cuales meros cuentos para niños.

Pero el acercamiento hizo caer la maldición, su alma empezó a codiciarlo. Empezó a desear encontrarlo, y guardarlo para él. Comenzó un arduo entrenamiento. Su vida se dedicó en exclusiva a tan egoista sueño, sin admitirselo jamás a si mismo, y mucho menos a nadie más. Su dedicación era absoluta, sus costumbres cambiaron, su forma de hablar, su forma de andar. siempre alerta, siempre preparado. Su mirada cambio, se hizo más oscura, excepto cuando trabajaba en el que ahora era su destino. Se sentía más fuerte y más vivo que nunca.

Sin embargo, la noche antes de partir, tuvo un sueño extraño. Un ser envuelto en una capa oscura se le apareció y le hablo. Su voz, melodiosa a la par que meláncolica sería un recuerdo que le acompañaría por siepre. Le habló del gran tesoro, le contó cosas que no podría haber descubierto de otra forma, le mostró el tesoró, aunque también le aseguró que esa no es su verdadera forma. Él se sintió extasiado. Su gran sueño erá puesto a sus pies de una forma sobrenatural que solo confirmaba su existencia. Pero cuando le preguntó por qué, por qué le explicaba todo aquello, la voz cambió, se hizo sería y firme. "sabes todo esto- le dijo -porque la maldición ha caido sobre ti al querer reclamarlo para ti, y quiero salvarte. Si reconoces su verdadera forma, descubrirás que es tanmaravilloso que no querras poseerlo, entenderás mis palabras, y estarás salvado." Cuando se despertó, jugó con su mente lo suficiente para llegar a la conclusión de que el sueño había sido real, que el tesoro existía y que le estaba esperando, al mismo tiempo que recordaba que el no creía en las maldiciones y que su detsino solo lo escribía el mismo.

Por fin estaba ante el templo. Un templo oculto en lo más recóndito de la selva. Llegar hasta allí había sido duro, era el único que quedaba de la expedición. Aquellos que le acompañaron en un principio ya noe staban con él. Algunos habían muerto, otros desertado. Otros desaparecido, pero parecía que había algo que a él le protegía. Y así, tras varias semanas de extenuante marcha, sobreviviendo de la naturaleza, valiendose de todo s ingenio y d eus valor se encontraba, solo, ante el templo.

Los enormes bloques de piedra, los simbolos en las puertas y en las paredes, las inmensas estatuas que flanqueaban la entrada. Todo era más maravilloso de lo que hubiera imaginado jamás. Aunque había visto esas imagenes en sueños, que le asediaban por la noche, en antiquísimos pergaminos que había necontrado en sus años de investigación, nada era comparable con estar ahí, de frente, ante la inmensidad del anhelo de toda una vida.

Entro en el lugar. El templo era pequeño, parecía que el tiempo no hubiera hecho el más mínimo daño a su estructura, ni mucho menos a su esplendor. Entro despacio, por algún motivo que no fue capaz de comprender se descalzó, se quitó la mochila y avanzó, con sus pies desnudos sobre la suave y fría piedra. Y no encontró nada.

Buscó, buscó y rebuscó. Nada. Desesperado comenzó a pensar que alguien había llegado antes, que se lo habían robado. ¡Había sido engañado! Si hubiera habido algo que hubiera podido romper lo habría roto. fue a su mochila, y destrozó todos los pergaminos, todos los libros, pagina a pagina, con furia, ira y rencor. Empezó a darse de puñetazos con las inocentes paredes, y a gritar con toda su fuerza... Hasta que la deseperación le abrumó, cayó sobre sus rodillas y comenzó a llorar.

El ser volvió. se acercó a él, le miró, y sopló en su rostro. Él se despertó. La vio. Y cuando iba a hablar, señaló. Y él despertó.

Se levantó, era de noche, la luz de las estrellas caía sobre el templo, era la hora justa. La luz comenzó a crear extraños y fantásticos dibujos en el aire, atravesando el templo de lado a lado, conecntrandose en un punto, que habría pasado desapaercibido. Y lo vió. Su gran anhelo, lo que él tanto deseaba. A su alcance. Por fin era...

No. No era suyo. No debía ser suyo. Una sonrisa de amarga felicidad cruzó su rostro. Se levantó, se giró. Freya sonreía.

Al fin lo había comprendido

Ik geloof ik u niet wil begrijpen

 

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One last screen

La película terminó.

La gente se levantaba de sus asientos a la vez que se encendían las luces mientras que, en la pantalla, unas letras blancas discurrían, perezosas, hacia arriba.

Poco a poco la sala iba quedando vacía, manchada de palomitas y de botes de Coca-Cola tirados por el suelo. Según salían podías leer en su cara la opinión de la película o quizás sobre algo que les había ocurrido a ellos mientras la veían. Cuando la última persona salió, un hombre serio, bien vestido, que había venido sin compañía, los créditos aún no habían terminado de pasar

La sala se había quedado totalmente en silencio excepto por la música que, melancólica, emanaba de los altavoces; iluminada por unas luces que ya no alumbraban a nadie.

Así que nadie vio que después de los créditos había una pequeña escena. Una escena corta que no cambiaba al final de la película, ni siquiera modificaba el argumento. Simplemente matizaba el final

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