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日志


Chance or Destiny

Por aquel entonces caminaba despacio, sin prisa. Sus pies, en aquel momento, no buscaban otra compañía ni otro destino que sus propias botas. Y caminaba tranquilo, observando en lugar donde se encontraba, mirando hacia atrás de vez en cuando, buscando en el paisaje el recuerdo de quien era; mirando hacia adelante observando los posibles destinos de su viaje sin preocuparse por cuál sería. Se fijaba en los viajeros que se cruzaban con en el camino a veces pidiendo un sorbo de agua, a veces ofreciéndose para ayudarle con el peso.

Por aquel entonces, en una de las muchas encrucijadas, vio una muchacha triste de mirada franca. Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que se sentara cerca de ella para reponer sus fuerzas, mientras indicaba a otro viajero qué camino debía seguir. Ella le miró y con una extraña sonrisa se acerco a él y le pidió unas sencillas explicaciones sobre el camino que debía tomar. Él no se lo pensó, miró hacia delante y con una sonrisa y palabras escuetas le dio, al menos hasta donde él sabía, las indicaciones que ella quería.

Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que llevaran en ese momento el mismo camino. Y en un acuerdo tácito decidieron caminar juntos, al menos, durante un corto tiempo. Pero ese tiempo no fue corto, y lo que al principio eran encuentros casuales, se volvieron trayectos premeditados, y se buscaban, y se esperan, para hacer al menos una parte del camino. Si pudierais fijaros en sus huellas descubriríais que no siempre llevaban el mismo camino, que simplemente se entrecruzaban muchas veces, incluso algunas veces caminaban por separado u otras sólo se observaban un par de huellas porque uno llevaba al otro (poco importa quién a quien ya que se dieron ambos casos). Sin embargo poco a poco sus huellas iban haciendo cada vez más paralelas, más cercanas. Cada vez más veces caminaban juntos, y durante más tiempo.

Quisiera la casualidad, o quizás el destino, que una noche decidieran terminar con el azar y simplemente caminar juntos. Sus huellas, perfectamente paralelas, hollaban el suelo con una cadencia hipnótica. Sin detenerse, decidiendo con una simple mirada, con una corta palabra, que bifurcación tomar, que destino seguir. Fue un tiempo lleno de momentos que jamás ninguno de los dos olvidaría. Fue un recorrido tan agradable... que no había nada de lo que lamentarse, ninguna decisión mal tomada. Cierto es que algunas noches durmieron al raso, que algunos días tuvieron que racionar la comida, que a veces el frío atería los huesos o que en ocasiones el Sol, derramando un calor de justicia, secaba y acartonaba su piel. Sin embargo, esto no hacía sino hacer más interesante el viaje. Incluso aquella noche que ella se perdió sería un tierno recuerdo sus ojos.

Mas finalmente, ya fuera casualidad o destino, los pasos de él comenzaron a alejarse sin que pudiera explicar, ni siquiera sí mismo, por qué. Ella mantenía el rumbo que habían decidido seguir hacía tiempo, pero él, para su desesperación, veía como sus pasos se iban alejando. Y a veces, tras recuperar el rumbo y tener esa agradable sensación de hogar, se encontraba perdido...

Finalmente, en una extraña noche, sus huellas terminaron por separarse, tomaron bifurcaciones distintas. Ella, intentando mantener la sonrisa, se alegraba de que hubiera existido el camino. Él, sin permitirse mirar al cielo, no en esta noche, miró al suelo y continuó su camino.

Ojalá que sus caminos vuelvan a entrecruzarse como lo hacían al principio.

Είναι θαυμάσιο να είναι με σας

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Almost awake

La criatura dormía.

Sus ojos cerrados, su sueño plácido y tranquilo. El silencio, la oscuridad y la calma le velaban. El sueño era hermoso, jamás existió uno tan alejado de una pesadilla. Jamás sueño ninguno sería recordado con tanto detalle una vez que despertara; porque por muy maravilloso que fuera tarde temprano despertaría, se levantaría con cara de tonto, y, con el pelo revuelto, desayunaría un desayuno cargado de melancolía al descubrir que tan solo fue un sueño. Y saldría a la calle, a la gris realidad.

Y la verdad es que poco a poco su sueño se hacía más ligero, se removía en su lecho y hablaba en sueños. Parecía muy probable que pronto despertara. Despertar que le devolvería a la realidad, a sus quehaceres habituales, durante un día más, hasta la llegada de otra noche en la que soñaría con algo totalmente distinto, si es que llegara a soñar, aunque seguro que dormirá.

 

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Ollos de Nia

Creo que era invierno. Seguro que era de noche. La luna brillaba, creo que llena, porque no recuerdo estrellas. Esa noche fue el comienzo, esa noche vi sus ojos por primera vez. No podría haber adivinado las consecuencias aquella noche.

Entre risas y silencios vi brillar esos ojos. Millones de reflejos, millones de matices. Quizás era el reflejo de la luna, aquella luna dibujaba y pintada.

Poco a poco las risas fueron ganando terreno. Poco a poco la confianza comenzó a brillar en esos ojos. Tanto que también me mostraron la amargura, la impotencia frente a los avatares de la vida y el destino; tardes tristes, de luz cronometrada e incómodos asientos. Pero también había tardes llenas de Sol, jugadas de rugby y sabores exóticos. Tardes de sombra de árbol y gente dando vueltas. Tardes en las que la amistad, la alegría encendía sus ojos y parecía capaz de ver de noche.

Más tarde llegaron las tardes con obligaciones. Tardes cronometradas y organizadas. De calor y de IKEA. Y esos ojos brillaban, mostraban prisa por que corriera el tiempo para llegar a la comodidad y a las palabras con hombro.

Y el brillo cambió, durante un tiempo se hizo cálido, puede que incluso más de lo que debería, incluso ilegal y peligroso

También hubo una noche de brazos y sal; azulejos y compañía. Y el brillo de sus ojos, os ollos de Nia, brillaron con tal intensidad que no sólo trasmitían tristeza sino que la compartían, la creaban en mi interior, aunque fuera una tristeza llena de buenos presagios.

Volvieron las tardes, las tardes con obligaciones en las que surgió la vorágine: el brillo cambió de nuevo, y volví a leer en sus ojos, pero esta vez había grandes dosis de desconfianza, de ira, desprecio que crecían con el que... ¿Quién podría imaginar lo que ocurría? trajeron insomnio y dudas; desesperación y lucha, y finalmente, rendición.

Esos ojos se cerraron, dejaron de iluminarme. Cuando volví a verlos, no eran los mismos. Opacos, brillaban en todas las direcciones pero para mí estaban vedados. Y la tristeza se fusionó con la tranquilidad; la tristeza de la pérdida con la tranquilidad de lo normal.

Sin embargo hace poco, en una noche prohibida de sueño y oscuridad, donde no podía ver esos ojos; volvieron a brillar iluminandome.

Y ahora, después de tanto tiempo, quieren ponerte gafas de sol, dirigirte como a los caballos centrando tu mirada. Y yo dudo. Dudo y me estremezco ante lo inverosímil, lo increíble, lo impredecible, lo sorprendente.

Quizás me equivoqué al juzgar. Quizás...

¿Seguro que quieres jugar?

&KPTM

 

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