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    Saudade

    Las dos niñas, tumbadas en la hierba, disfrutaban del Sol de primavera nombrando las nubes según aparecían, discutían alguna forma, y reían de nada. Y es que el tiempo no importaba. Y la tarde fue discurriendo entre amistad risas y ternura.

    Empezaba a hacer frío, y había que moverse. Jugando a pillar, siempre riendo, salieron del valle y entraron en el bosque. Un bosque tranquilo, silencioso en su justa medida. Jugaron a esconderse, la pequeña salió corriendo mientras la mayor contaba 1, 2, 3...

    ...40, 41 y... ¡42! Sonriendo, saltando entre los árboles comenzó a buscarla. Aún tenían tiempo para volver a casa así que no había prisa. Pero la noche fue cayendo sobre el bosque.

    Empezó a ponerse nerviosa... cada vez veía menos y saltaba cuando algo pasaba cerca de ella, aunque fuera una ardilla que iba a dormir. El silencio se hacía cada vez más opresivo según los animales diurnos dormían y los nocturnos usaban el silencio para cazar sin ser vistos. Para desgarrar a sus presas en un descuido. Las ramas crujían bajo sus pies. Pronto empezó a saltar incluso aunque no pasara nada junto a ella. Empezó a sentir dedos gélidos que la rozaban, y solo era el frío, o incluso su propia imaginación... y poco a poco una idea iba tomando forma en su mente... una idea en la que no quería pensar.

    Llegó al círculo de piedra. La Luna llena tapada por una nube derramaba una luz tenebrosa, un ambiente fantasmal, un silencio tétrico recorría las piedras, como un depredador, al acecho de cualquier ruido para acallarlo. Su adrenalina hacía que su corazón latiera demasiado rápido, sus pupilas, dilatas por un creciente terror, le hacían ver prácticamente como si aún fuera el atardecer; su mente distorsionaba las sombras hasta convertirlas en sus miedos, aquellos que ni si quiera ella sabía que le aterraban.

    La nube dejó un jirón de claridad a través de la cual pasó la luz de la Luna llena, iluminando el centro del círculo donde estaba la pequeña. A punto de llorar de puro alivio, se acerco corriendo llamándola por el nombre que ella utilizaba. Por fin llegó, la abrazó con fuerza y le habló... le cogió de la mano y echaron a andar hacia su casa...

    Pero su mano estaba fría... su mirada, perdida... caminaba maquinalmente... Y cuando le miró a los ojos solo descubrió unos ojos fríos, carentes de vida. Y entonces ese pensamiento que le atormentaba sin saber cual era tomo forma, de un golpe seco, se instaló en su mente, dejándola sin aire.

    ...estás sola...

    Y corrió, corrió como nunca había corrido, como nunca volvería a correr, llorando de puro pánico sin ver si quiera el camino que seguía.

    ...sola...

    Die schlimste art von einsamkeit ist: Das die, die du libst sich in sich selbst schlisst und du sie nicht reichen kannst

     

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