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    The Wiseman

    Habían llegado, todos juntos, siguiendo aquel extraño fenómeno. Habían atravesado arenas y mares, montañas y valles por una corazonada. Algo les había dicho que aquello que observaban era demasiado importante como para dejarlo pasar.

    Por supuesto, habían acertado. No en vano todos sus estudios de astronomía y de las artes esotéricas les habían llevado una vida, como si todo hubiera sido una preparación para ese momento. Quizás llegaron un poco tarde, pero no importó. Nunca llegan tarde, ni pronto, simplemente llegan cuando se lo proponen

    Y ya tocaba volver. Pero no podían volver por donde habían venido. Debían dispersarse y ocultarse para salir de aquel lugar. Uno de ellos decidió dar el rodeo por el Sur, hacia el continente del caballo, para luego volver a su hogar. Otro de ellos, decidió salir por el Norte, hacia las tierras heladas. EL que quedaba, el primero de ellos, dijo que esperaría un poco, que de este modo sería más difícil que les reconocieran.

    Con este plan los otros dos marcharon. El primero, se quito los mantos que denotaban su rango, retiró todo símbolo, en realidad los odiaba, pero no le quedaba otro remedio que soportarlo, envío todas sus pertenencias hasta su hogar, a través del vacío astral, se cubrió con un capa negra, limpió su rostro del largo viaje, se afeitó, toda precaución era poca para pasar desapercibido. Y, aunque había dicho que esperaría, en realidad no eran esos sus planes. Así que recogió su calzado, el de caminar sin rumbo, y se dispuso a ello.

    Echó a andar, hacia el Sureste, siguiendo aquel extraño fenómeno que les había traído hasta este lugar.

    Recorrió cientos de kilómetros, no sabía a donde iba, no sabía que buscaba, ni que esperaba, pero sabía que aún quedaba algo por hacer, que aún le quedaba algo por hacer.

    Al otro la del mar siguió avanzando, el frío se volvió mas intenso, seco. El paisaje, bajo una delgada capa de escarcha, marrón, aunque es cierto que si de noche todos los gatos son pardos, de madrugada aun más

    Por fin, supo que había llegado, un lugar con un tono verde oscuro, para algunos el color de la esperanza, pero no siempre tiene por qué significar algo. Llego a ese lugar, y vio que el cometa estaba ligeramente mas bajo, escuchaba un murmullo, parecido al de una sonrisa, y siguió caminado. Sin rumbo fijo, solo se dejaba llevar por la estela, y por sus botas

    Y de pronto, se descubrió hablando. No con esa necesidad que otras veces retuvo, no con vehemencia ni con miedo, simplemente comenzó a hablar. Cada una de sus palabras fue sencilla, no hubo grandes juramentos ni excentricidades, aunque procuró evitar el hierro en lo posible. Sus palabras no buscaban una respuesta, sin embargo escuchó el murmullo, con atención, aunque tampoco más de la habitual. No se abrieron los cielos, los cerezos retuvieron sus hojas, tampoco sonó ninguna música.

    Sin embargo, todo estaba dicho.

    Sin embargo, todo el viaje anterior ya tuvo sentido, con tan solo esta extraña conversación

    Taim i' ngra leat

     

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