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ArenasUn sol de justicia ilumina las arenas. El calor resultaría insoportable si hubiera alguien para soportarlo, pero no es así. Ninguna persona, ningún animal hollan la perfectamente lisa arena. Tan solo el viento, en muy contadas ocasiones, osa levantarse y remover las arenas moviendo de un lugar a otro las dunas. Luego, en la noche ni una sola nube cubre el firmamento y el calor escapa como espantado por un terrible enemigo. El frío resulta igualmente insoportable. La arena, clara y fina quemaría los pies de aquel que se atreviera a pisarla durante el día. Su color, verdoso según algunos, resulta extraño, pero en si misma es un arena extraña. Y, en el borde de este desierto, la arena cae. Cae en la parte superior de un pequeño reloj de arena. La arena atraviesa lentamente el reloj, como si este quisiera saborear cada pequeño grano antes de dejarlo escapar. Y al caer abajo se hace mucho más pequeño, para dejar sitio a todos los demás que caerán. O no. Pero ese lento caer, silencioso e imperceptible, ese conocimiento de que algún día dejará de ocurrir, da sentido al reloj en si mismo, ¿Para qué valdría si no? El cristal se agrietaría, las diferenvcias de temperatura lo combarían y lo quebrarían si estuviera allí siempre. La arena simplemente seguirá cayendo mientras siga cayendo. Y no será muhco tiempo ni poco, simplemente será su sentido en si mismo No hay forma de saber cuanto tiempo queda. Nadie sabe cuando la arena dejará de caer, ya que el desierto siempre tendrá arena, simplemente un día dejará de desbordar. Tampoco hay forma de esperar que el hueco de abajo se llene, pues el tamaño de la arena allí contenida cambia, de modo que siempre parece que aun queda mucho espacio. Como de hecho es. Simplemente es una certeza. Una certeza agridulce, incomoda y agradable al mismo tiempo. Algún día esa arena dejará de caer This time it doesn't run out between his fingers
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